Ciencia y Tecnología
Tres rusos se rinden ante la cámara. Una escena normal de las guerras, pero ciencia ficción en Ucrania por el “soldado” que los encañona
Desde trincheras excavadas a toda prisa hasta cielos zumbando sin descanso, la guerra en Ucrania se ha convertido en un campo de pruebas donde las reglas clásicas del combate hace tiempo que han perdido la batalla. Cada mes aparecen escenas que habrían parecido imposibles hace apenas unos años y que obligan a replantearse qué significa hoy luchar, resistir o sobrevivir en un frente dominado por tecnologías inesperadas. El último ejemplo lo muestra una rendición.
La primera vez ante una máquina. Tres soldados rusos salen de un edificio, uno de ellos ensangrentado, levantan las manos y obedecen órdenes mientras una cámara lo graba todo. La escena sería rutinaria en cualquier conflicto bélico de la historia, pero en Ucrania marca un punto de ruptura: quien los encañona no es un infante, sino un robot armado.
No es la primera vez que vemos una rendición así, pero sí es la primera que se documenta en vídeo y ante un vehículo terrestre no tripulado, un escenario que simboliza hasta qué punto la línea entre la ciencia ficción y el combate real ha quedado definitivamente borrada en este conflicto.
De experimento marginal a pieza central. Lo hemos contado antes. Los robots terrestres ucranianos, conocidos como complejos robóticos de tierra, comenzaron la guerra como rarezas importadas y hoy son un pilar industrial y militar propio. El 99% de los UGV en uso se fabrican ya en Ucrania, con más de 200 modelos distintos producidos por decenas de empresas locales en ciclos de diseño ultrarrápidos, afinados directamente con el feedback del frente.
Pequeños, baratos y ensamblados con componentes comerciales, estos robots han pasado del transporte y la evacuación a portar ametralladoras pesadas, liderar asaltos, sostener posiciones defensivas durante semanas y, ahora, aceptar prisioneros sin que ningún soldado humano tenga que exponerse.
Máquinas que no sangran. El valor táctico de estos sistemas va más allá de la potencia de fuego. Aceptar una rendición con un robot elimina el riesgo de emboscadas, falsas capitulaciones o decisiones instantáneas entre la vida y la muerte, un problema recurrente en el frente ucraniano.
Al mismo tiempo, el impacto psicológico es enorme: combatir contra un enemigo que no siente dolor, no muere y puede ser reemplazado rápidamente erosiona la moral y convierte la opción de rendirse en algo más racional. De ahí que la imagen de soldados confundidos entregándose a una máquina resuma ese desequilibrio moral y humano.

Algunas de las variedades de drones terrestres ucranianos
El cielo como arma. Este salto cualitativo en tierra encaja con una realidad aún más abrumadora en el aire. Según Zelenski, más del 80% de los golpes efectivos contra las fuerzas rusas ya se ejecutan con drones, la inmensa mayoría fabricados localmente.
En 2025, Ucrania afirma haber atacado cerca de 820.000 objetivos con estos sistemas, registrando cada impacto en vídeo dentro de un sistema de puntos que premia a las unidades por cada baja confirmada y acelera la adquisición de nuevo material. Dicho de otra forma, la guerra se ha convertido en un ciclo cerrado de sensores, cámaras, algoritmos y recompensas.
Un coste sin precedentes. Casi cuatro años después de la invasión, el balance humano de Rusia en Ucrania alcanza cifras inéditas desde la Segunda Guerra Mundial: alrededor de 1,2 millones de soldados muertos, heridos o desaparecidos, según el último informe del Center for Strategic and International Studies.
Ese desgaste masivo contrasta con unos avances territoriales muy limitados, apenas un 12% más de territorio controlado desde 2022, con progresos diarios que en algunos sectores se miden en metros y resultan inferiores incluso a los registrados en batallas de la Primera Guerra Mundial. La estrategia ucraniana de defensa en profundidad, combinando trincheras, minas, obstáculos, artillería y drones, ha inclinado la balanza de las bajas en una proporción claramente desfavorable para Moscú y cuestiona la idea de una victoria rusa inevitable.
La retaguardia rusa. El impacto del conflicto va mucho más allá del frente y está degradando la capacidad económica y estratégica de Rusia, la misma que el informe del SCIS describe ya como una potencia de segundo o tercer orden.
La combinación de inflación, escasez de mano de obra, debilidad industrial y estancamiento tecnológico ha dejado un crecimiento raquítico y un futuro comprometido, mientras las pérdidas humanas superan la capacidad de reclutamiento y reemplazo. De hecho, comparadas con conflictos pasados, las cifras son demoledoras.
El futuro bélico. En definitiva, entre enjambres de drones FPV, robots terrestres armados y sistemas de guerra electrónica, la guerra en Ucrania ha adelantado décadas de desarrollo militar en apenas unos años, mientras programas occidentales mucho más caros y lentos se estancaban o eran cancelados.
Por eso, la rendición filmada ante un robot no es una anécdota aislada, sino la señal de que el combate moderno ya no gira solo en torno al soldado humano, sino a máquinas baratas, desechables y omnipresentes. En Ucrania, la guerra del futuro ya no se está imaginando: se está grabando en primera persona.
Imagen | UKRAINE MOD
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La noticia
Tres rusos se rinden ante la cámara. Una escena normal de las guerras, pero ciencia ficción en Ucrania por el “soldado” que los encañona
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
Desde trincheras excavadas a toda prisa hasta cielos zumbando sin descanso, la guerra en Ucrania se ha convertido en un campo de pruebas donde las reglas clásicas del combate hace tiempo que han perdido la batalla. Cada mes aparecen escenas que habrían parecido imposibles hace apenas unos años y que obligan a replantearse qué significa hoy luchar, resistir o sobrevivir en un frente dominado por tecnologías inesperadas. El último ejemplo lo muestra una rendición.
La primera vez ante una máquina. Tres soldados rusos salen de un edificio, uno de ellos ensangrentado, levantan las manos y obedecen órdenes mientras una cámara lo graba todo. La escena sería rutinaria en cualquier conflicto bélico de la historia, pero en Ucrania marca un punto de ruptura: quien los encañona no es un infante, sino un robot armado.
No es la primera vez que vemos una rendición así, pero sí es la primera que se documenta en vídeo y ante un vehículo terrestre no tripulado, un escenario que simboliza hasta qué punto la línea entre la ciencia ficción y el combate real ha quedado definitivamente borrada en este conflicto.
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De experimento marginal a pieza central. Lo hemos contado antes. Los robots terrestres ucranianos, conocidos como complejos robóticos de tierra, comenzaron la guerra como rarezas importadas y hoy son un pilar industrial y militar propio. El 99% de los UGV en uso se fabrican ya en Ucrania, con más de 200 modelos distintos producidos por decenas de empresas locales en ciclos de diseño ultrarrápidos, afinados directamente con el feedback del frente.
Pequeños, baratos y ensamblados con componentes comerciales, estos robots han pasado del transporte y la evacuación a portar ametralladoras pesadas, liderar asaltos, sostener posiciones defensivas durante semanas y, ahora, aceptar prisioneros sin que ningún soldado humano tenga que exponerse.
Máquinas que no sangran. El valor táctico de estos sistemas va más allá de la potencia de fuego. Aceptar una rendición con un robot elimina el riesgo de emboscadas, falsas capitulaciones o decisiones instantáneas entre la vida y la muerte, un problema recurrente en el frente ucraniano.
Al mismo tiempo, el impacto psicológico es enorme: combatir contra un enemigo que no siente dolor, no muere y puede ser reemplazado rápidamente erosiona la moral y convierte la opción de rendirse en algo más racional. De ahí que la imagen de soldados confundidos entregándose a una máquina resuma ese desequilibrio moral y humano.
Algunas de las variedades de drones terrestres ucranianos
El cielo como arma. Este salto cualitativo en tierra encaja con una realidad aún más abrumadora en el aire. Según Zelenski, más del 80% de los golpes efectivos contra las fuerzas rusas ya se ejecutan con drones, la inmensa mayoría fabricados localmente.
En 2025, Ucrania afirma haber atacado cerca de 820.000 objetivos con estos sistemas, registrando cada impacto en vídeo dentro de un sistema de puntos que premia a las unidades por cada baja confirmada y acelera la adquisición de nuevo material. Dicho de otra forma, la guerra se ha convertido en un ciclo cerrado de sensores, cámaras, algoritmos y recompensas.
Un coste sin precedentes. Casi cuatro años después de la invasión, el balance humano de Rusia en Ucrania alcanza cifras inéditas desde la Segunda Guerra Mundial: alrededor de 1,2 millones de soldados muertos, heridos o desaparecidos, según el último informe del Center for Strategic and International Studies.
Ese desgaste masivo contrasta con unos avances territoriales muy limitados, apenas un 12% más de territorio controlado desde 2022, con progresos diarios que en algunos sectores se miden en metros y resultan inferiores incluso a los registrados en batallas de la Primera Guerra Mundial. La estrategia ucraniana de defensa en profundidad, combinando trincheras, minas, obstáculos, artillería y drones, ha inclinado la balanza de las bajas en una proporción claramente desfavorable para Moscú y cuestiona la idea de una victoria rusa inevitable.
La retaguardia rusa. El impacto del conflicto va mucho más allá del frente y está degradando la capacidad económica y estratégica de Rusia, la misma que el informe del SCIS describe ya como una potencia de segundo o tercer orden.
La combinación de inflación, escasez de mano de obra, debilidad industrial y estancamiento tecnológico ha dejado un crecimiento raquítico y un futuro comprometido, mientras las pérdidas humanas superan la capacidad de reclutamiento y reemplazo. De hecho, comparadas con conflictos pasados, las cifras son demoledoras.
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Por eso, la rendición filmada ante un robot no es una anécdota aislada, sino la señal de que el combate moderno ya no gira solo en torno al soldado humano, sino a máquinas baratas, desechables y omnipresentes. En Ucrania, la guerra del futuro ya no se está imaginando: se está grabando en primera persona.
Imagen | UKRAINE MOD
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– La noticia
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fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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