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Economía

El dilema del “curtailment” en el sistema eléctrico

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República Dominicana se encuentra en una encrucijada energética que no admite más dilaciones. Por un lado, el empuje de la inversión privada en parques fotovoltaicos y eólicos promete una matriz más limpia y sostenible.

Sin lugar a duda, esta es una noticia que debemos celebrar como país. Sin embargo, no podemos pasar por alto la fragilidad de un sistema que aún no logra digerir la intermitencia de estas tecnologías sin poner en riesgo la estabilidad del servicio nacional.

Los recientes eventos de inestabilidad en la frecuencia son un llamado de alerta. La caída de líneas de transmisión, con su consecuente caída en cadena del sistema, indican que algo no anda bien.

En medio de todo esto aparece una decisión que genera preocupación. El vertimiento o curtailment resulta necesario, para asegurar una operación estable, pero también es un tema que debe ser visto desde el punto de visto del efecto financiero. El Estado debe ser un garante de la inversión.

Para los inversionistas, la restricción es un golpe directo a la rentabilidad de proyectos financiados bajo esquemas de retorno específicos.

Los apagones generales del 11 de noviembre de 2025 y el 23 de febrero de 2026 dicta una prioridad absoluta: evitar un colapso total (blackout) que paralice al país.

El problema de fondo no es la fuente de energía, sino la capacidad del sistema para gestionarla. En este enunciado parece que hay coincidencias.

La queja de los inversionistas con intereses en parques renovables es legítima desde el punto de vista financiero, pero la responsabilidad de las autoridades de salvaguardar el sistema eléctrico es innegociable.

No obstante, esta tensión revela una carencia estructural: la falta de una infraestructura tecnológica avanzada, como sistemas de control de frecuencia y almacenamiento, que permita la adopción masiva de renovables sin comprometer la seguridad operativa. No podemos permitir que el país se estanque en una guerra de culpas entre los sectores público y el privado.

La transición energética no consiste únicamente en instalar paneles; implica modernizar la red con controles inteligentes y tecnología de punta que armonice la generación variable con la demanda constante.

Hay que trabajar en la instalación de sistemas de almacenamientos o banco de baterías que ayuden a regular la frecuencia. Superar la etapa del curtailment debería ser una meta inmediata del Gobierno.

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