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La AfD aplaza el pulso con su ala más ultra para no llegar dividida a las elecciones regionales
Evita debatir la supresión de la medida que impide militar en el partido y en organizaciones extremistas. Más de 31.000 manifestantes intentan impedir el congreso de esta formación de extrema derecha, que aspira a gobernar un 'Land' por primera vez Leer Evita debatir la supresión de la medida que impide militar en el partido y en organizaciones extremistas. Más de 31.000 manifestantes intentan impedir el congreso de esta formación de extrema derecha, que aspira a gobernar un 'Land' por primera vez Leer
Más de 31.000 manifestantes, según la policía, han intentado este sábado impedir la celebración del congreso federal que Alternativa para Alemania (AfD) celebra este fin de semana en Erfurt. Desde la madrugada, miles de personas trataron de bloquear los accesos al recinto ferial, obligando a numerosos delegados a adelantar varias horas su llegada. No lo consiguieron. Protegida por un dispositivo de hasta 6.000 agentes —el mayor despliegue policial de la historia de Turingia—, la AfD celebró puntualmente el congreso, reeligió sin oposición a sus dos copresidentes, Alice Weidel y Tino Chrupalla, y proyectó la imagen de unidad con la que pretende afrontar las decisivas elecciones regionales de septiembre, en las que aspira por primera vez a gobernar un Land.
Pese a la magnitud de las protestas, el verdadero pulso político no estaba en las calles de la capital de Turingia, sino puertas adentro, donde la AfD debía decidir hasta dónde estaba dispuesta a mantener la frontera entre el partido y la ultraderecha organizada.
El pabellón ofrecía una imagen de unidad cuidadosamente escenificada. Los cerca de 600 delegados seguían las intervenciones sentados tras una pequeña bandera alemana, una botella de agua y la documentación del congreso, idénticas sobre cada mesa. Desde el atril, los dos copresidentes y el resto de los candidatos a la nueva dirección repitieron el mismo mensaje: endurecimiento de la política migratoria, prioridad del gasto social para los alemanes frente al apoyo económico y militar a Ucrania, críticas a la política económica y energética del Gobierno y defensa de una integración basada en la plena asimilación a la identidad alemana. Todo contribuía a proyectar la imagen de una AfD unida y preparada para gobernar.
Pero la agenda del congreso escondía una bomba política. La propuesta, impulsada por el entorno de Björn Höcke, líder de la AfD en Turingia y principal referente del ala más radical del partido, planteaba revisar la llamada Unvereinbarkeitsliste o lista de incompatibilidades. La organización regional que dirige está clasificada por la Oficina para la Protección de la Constitución de ese estado como organización extremista de derecha confirmada.
El documento interno, de 13 páginas, enumera más de 300 partidos, asociaciones y movimientos cuya pertenencia es incompatible con la militancia en la AfD. Elaborada cuando el partido comenzó a crecer y a recibir afiliados procedentes de la extrema derecha organizada, la lista constituye el principal cortafuegos de la dirección frente a organizaciones como Die Heimat (la antigua NPD), Der III. Weg, la Identitäre Bewegung, Freie Sachsen o los Reichsbürger. No se trata de un simple reglamento interno. Es el documento con el que la dirección fija la frontera entre la AfD y la extrema derecha organizada y uno de los principales argumentos con los que intenta presentarse como un partido preparado para gobernar.
Ese mismo afán por controlar quién puede representar al partido quedó patente también en la elección de la nueva ejecutiva. Antes de pedir el voto, cualquier aspirante debía someterse públicamente a un exhaustivo cuestionario sobre su trayectoria política y personal. Ante los delegados debía explicar sus antecedentes penales, su antigüedad en la AfD, sus vínculos laborales con el partido y el pago de las cuotas. Solo después podía defender su candidatura y responder a las preguntas del plenario.
La propuesta cuestionaba precisamente ese documento. La dirección propuso no someterla a debate y dejar que fuera la nueva ejecutiva elegida en Erfurt la que decidiera más adelante si abre o no esa discusión. Los promotores aceptaron la fórmula y evitaron forzar una votación. No hubo vencedores ni vencidos. El debate quedó aplazado. A pocas semanas de unas elecciones regionales en las que la AfD encabeza los sondeos en Turingia, supera el 40% en Sajonia-Anhalt y lidera también las encuestas en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, abrir esa discusión habría proyectado una imagen de división y reavivado el debate sobre una eventual prohibición del partido.
En su último informe, la Oficina Federal para la Protección de la Constitución advierte de que el extremismo de derechas constituye la principal amenaza para el orden democrático alemán y cifra ese entorno en alrededor de 50.000 personas, de las que unas 15.000 son consideradas proclives al uso de la violencia.
El aplazamiento de la discusión sobre la lista de incompatibilidades tampoco supone una derrota del sector de Höcke. La agrupación de Turingia, principal bastión del ala más radical de la AfD, reforzó su peso en la nueva dirección con la elección de Stefan Möller, estrecho colaborador del dirigente turingio, como uno de los vicepresidentes federales. Será esa ejecutiva la que tenga ahora la última palabra sobre un debate que el congreso prefirió dejar para más adelante.



