Ciencia y Tecnología
Spotify ha tenido que eliminar 75 millones de canciones hechas con IA. Bandcamp ha decidido no tener ese problema
La plataforma de streaming y venta de música Bandcamp ha anunciado que prohibirá totalmente la música generada “en su totalidad o en parte sustancial” mediante inteligencia artificial, convirtiéndose en el primer servicio importante de distribución musical en establecer una barrera tan restrictiva contra el contenido sintético. Bandcamp traza así una línea roja muy clara en el debate sobre dónde termina el uso de herramientas creativas y dónde comienza la automatización total que prescinde de la autoría humana.
Qué dice el comunicado. El comunicado de Bandcamp presenta dos prohibiciones fundamentales. Por una parte, cualquier contenido musical generado completamente o de manera sustancial mediante inteligencia artificial, una formulación que evita definir porcentajes exactos pero que establece que existe un umbral sobre el peso de la IA en el proceso creativo. Por otra parte, extiende la prohibición al uso de herramientas algorítmicas para replicar estilos o voces de artistas reales, conectando esta restricción con las políticas preexistentes de la plataforma contra la suplantación de identidad y la infracción de propiedad intelectual.
Colaboración ciudadana. El anuncio incluye un mecanismo de denuncia para los usuarios: estos pueden reportar material sospechoso mediante las herramientas de reporte de la plataforma, que serán revisadas por un equipo de moderación. La compañía se reserva explícitamente el derecho a eliminar música bajo sospecha de tener origen sintético, sin necesidad de pruebas concluyentes, una cláusula que otorga amplia libertad a los moderadores pero que también podría generar falsos positivos. La compañía reconoció que la política podría requerir actualizaciones conforme evolucione el panorama de la IA generativa, en referencia a la rapidez con que se desarrollan estas tecnologías.
El debate conceptual. Esta decisión se enmarca en el debate sobre IA y creatividad que atraviesa el nmundo de la cultura: utilizar algoritmos como instrumentos en oposición a delegar en ellos el acto creativo. La Oficina de Copyright de Estados Unidos estableció en enero de 2025 que el trabajo generado por IA puede registrarse cuando “incorpora autoría humana significativa”, pero que el contenido producido únicamente mediante prompts, sin intervención creativa adicional, cae en dominio público por carecer de autor reconocible.
Matices y herramientas. Y es que es difícil determinar los límites. El espectro abarca desde músicos que emplean la IA para limpiar audios o inspirarse con melodías hasta quienes simplemente escriben instrucciones de texto y dejan que el modelo genere pistas completas. Hay artistas conceptuales que se van al extremo opuesto de la intervención artificial: la compositora Holly Herndon convirtió su voz en el proyecto Holly+ en un “instrumento digital” de acceso público y que otros músicos pueden tocar.
El debate es interminable: MIT Technology Review planteó en abril que herramientas como Suno y Udio producen “creadores” que no son músicos convencionales sino “prompters“. El resultado son obras que no pueden atribuirse a un compositor o cantante, disolviendo las definiciones habituales de autoría.
La inundación. Las cifras revelan una escalada exponencial de la aparición de música creada con IA en plataformas. Deezer hablaba en noviembre de 2025 de más de 50.000 pistas completamente generadas por IA cada día, el 34% de su volumen diario, y un incremento del 400% respecto a enero, cuando la cifra era de 10.000 canciones diarias. Un estudio de la propia Deezer decía que el 97% de los oyentes no sabe distinguir entre música humana y sintética tras una prueba ciega para los participantes en el estudio en la que se les mostraron dos pistas, una con IA y una real.
El drama de Spotify. Mientras, Spotify reveló en septiembre de 2025 que había eliminado 75 millones de “pistas spam” en los doce meses previos, una cantidad que rivaliza con el catálogo completo de 100 millones de canciones de la plataforma. El caso emblemático de la banda ficticia indie The Velvet Sundown ilustra la dimensión del fenómeno: este grupo completamente generado por IA alcanzó 1,5 millones de oyentes mensuales en Spotify durante el verano de 2025 antes de que sus creadores admitieran su naturaleza sintética, presionados por los oyentes.
Sigue el dinero. El caso de Xania Monet es otra cara del problema. Esta artista R&B completamente sintética generó más de 42.800 dólares en menos de dos meses con más de 17 millones de streams totales, lo que le llevó a la firma de un contrato discográfico multimillonario tras una guerra de ofertas donde una discográfica supuestamente ofreció 3 millones de dólares. A la vez, el country fue el primer género en ser marcado como gran perdedor en esta guerra entre artistas reales y sintéticos: en diciembre de 2025, el número de canciones country generadas por IA superaron en ventas a trabajos completamente humanos.
Hay un motivo claro para estas maniobras: el dinero. Herramientas como Suno y Udio producen de forma gratuita y un usuario puede generar cientos de pistas cortas que pueden generar beneficios. Multipliquémoslo exponencialmente: subidas masivas a plataformas, granjas de bots que generan canciones y suben temas sin descanso, automatización de los pagos… No se buscan éxitos aislados, sino sumar millones de reproducciones, contra las que un artista real no puede competir.
Porcentajes. Y por eso Bandcamp y Spotify son tan distintas. Bandcamp es un marketplace directo donde los artistas cobran un promedio del 82% de cada venta, quedándose la plataforma con un 15% en ítems digitales y 10% en físicos, con comisiones de procesamiento de pago adicionales del 4-7%. Bandcamp ha pagado más de 1.640.00 millones de dólares directamente a artistas y sellos desde su fundación en 2008, con 19 millones transferidos solo en 2025 gracias a los “Bandcamp Fridays”, jornadas en las que la compañía renuncia completamente a su comisión. Esta estructura hace que la música generada masivamente por IA sea contraproducente para la plataforma: nadie compra álbums sintéticos producidos mediante prompts.
Mientras tanto, Spotify funciona por suscripción, distribuyendo aproximadamente dos tercios de sus ingresos totales en regalías. La plataforma pagó 10.000 millones de dólares a la industria musical en 2024, pero el pago promedio por stream oscila entre los 0,003 y los 0,005 dólares. Además,Spotify implementó en 2024 un umbral de 1.000 streams anuales para que una pista genere regalías. Esta estructura crea incentivos perversos para hacer “trampa”: producción virtualmente gratuita mediante IA, subida masiva de pistas, uso de granjas de bots para inflar el número de reproducciones… El sistema de pago por stream permite que minúsculas fracciones de centavo se conviertan en cantidades millonarias si hay suficiente volumen.
La reacción. El movimiento de Bandcamp tiene algo de protección de su imagen, por supuesto, pero también es el reflejo de un rechazo de los consumidores de cultura hacia los productos que pueden calificarse como “slop“: contenido de relleno que prioriza velocidad y cantidad sobre sustancia y calidad. Bandcamp se encuentra, desde luego, ante una tarea titánica: detectar música generada por IA no es sencillo y la plataforma no ha especificado herramientas o metodologías para hacerlo.
La presión futura de grandes sellos discográficos podría erosionar esta política conforme la IA se normalice en catálogos comerciales. Como afirmaba un comentarista en el blog de Bandcamp: “Me pregunto si mantendrán esta postura cuando Warner comience a presionarlos junto a otros distribuidores y plataformas, una vez que la IA generativa sea común entre los artistas”. De momento, el idealismo ha ganado una batalla, pero la guerra se presenta dura y muy cruda.
En Xataka | Escuchar música gratis: 18 webs y apps que puedes usar desde tu móvil o navegador
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Spotify ha tenido que eliminar 75 millones de canciones hechas con IA. Bandcamp ha decidido no tener ese problema
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John Tones
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La plataforma de streaming y venta de música Bandcamp ha anunciado que prohibirá totalmente la música generada “en su totalidad o en parte sustancial” mediante inteligencia artificial, convirtiéndose en el primer servicio importante de distribución musical en establecer una barrera tan restrictiva contra el contenido sintético. Bandcamp traza así una línea roja muy clara en el debate sobre dónde termina el uso de herramientas creativas y dónde comienza la automatización total que prescinde de la autoría humana.
Qué dice el comunicado. El comunicado de Bandcamp presenta dos prohibiciones fundamentales. Por una parte, cualquier contenido musical generado completamente o de manera sustancial mediante inteligencia artificial, una formulación que evita definir porcentajes exactos pero que establece que existe un umbral sobre el peso de la IA en el proceso creativo. Por otra parte, extiende la prohibición al uso de herramientas algorítmicas para replicar estilos o voces de artistas reales, conectando esta restricción con las políticas preexistentes de la plataforma contra la suplantación de identidad y la infracción de propiedad intelectual.
Colaboración ciudadana. El anuncio incluye un mecanismo de denuncia para los usuarios: estos pueden reportar material sospechoso mediante las herramientas de reporte de la plataforma, que serán revisadas por un equipo de moderación. La compañía se reserva explícitamente el derecho a eliminar música bajo sospecha de tener origen sintético, sin necesidad de pruebas concluyentes, una cláusula que otorga amplia libertad a los moderadores pero que también podría generar falsos positivos. La compañía reconoció que la política podría requerir actualizaciones conforme evolucione el panorama de la IA generativa, en referencia a la rapidez con que se desarrollan estas tecnologías.
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El futuro no es que una IA escriba un disco y firme un contrato millonario con una discográfico: es el presente
El debate conceptual. Esta decisión se enmarca en el debate sobre IA y creatividad que atraviesa el nmundo de la cultura: utilizar algoritmos como instrumentos en oposición a delegar en ellos el acto creativo. La Oficina de Copyright de Estados Unidos estableció en enero de 2025 que el trabajo generado por IA puede registrarse cuando “incorpora autoría humana significativa”, pero que el contenido producido únicamente mediante prompts, sin intervención creativa adicional, cae en dominio público por carecer de autor reconocible.
Matices y herramientas. Y es que es difícil determinar los límites. El espectro abarca desde músicos que emplean la IA para limpiar audios o inspirarse con melodías hasta quienes simplemente escriben instrucciones de texto y dejan que el modelo genere pistas completas. Hay artistas conceptuales que se van al extremo opuesto de la intervención artificial: la compositora Holly Herndon convirtió su voz en el proyecto Holly+ en un “instrumento digital” de acceso público y que otros músicos pueden tocar.
El debate es interminable: MIT Technology Review planteó en abril que herramientas como Suno y Udio producen “creadores” que no son músicos convencionales sino “prompters”. El resultado son obras que no pueden atribuirse a un compositor o cantante, disolviendo las definiciones habituales de autoría.
La inundación. Las cifras revelan una escalada exponencial de la aparición de música creada con IA en plataformas. Deezer hablaba en noviembre de 2025 de más de 50.000 pistas completamente generadas por IA cada día, el 34% de su volumen diario, y un incremento del 400% respecto a enero, cuando la cifra era de 10.000 canciones diarias. Un estudio de la propia Deezer decía que el 97% de los oyentes no sabe distinguir entre música humana y sintética tras una prueba ciega para los participantes en el estudio en la que se les mostraron dos pistas, una con IA y una real.
El drama de Spotify. Mientras, Spotify reveló en septiembre de 2025 que había eliminado 75 millones de “pistas spam” en los doce meses previos, una cantidad que rivaliza con el catálogo completo de 100 millones de canciones de la plataforma. El caso emblemático de la banda ficticia indie The Velvet Sundown ilustra la dimensión del fenómeno: este grupo completamente generado por IA alcanzó 1,5 millones de oyentes mensuales en Spotify durante el verano de 2025 antes de que sus creadores admitieran su naturaleza sintética, presionados por los oyentes.
Sigue el dinero. El caso de Xania Monet es otra cara del problema. Esta artista R&B completamente sintética generó más de 42.800 dólares en menos de dos meses con más de 17 millones de streams totales, lo que le llevó a la firma de un contrato discográfico multimillonario tras una guerra de ofertas donde una discográfica supuestamente ofreció 3 millones de dólares. A la vez, el country fue el primer género en ser marcado como gran perdedor en esta guerra entre artistas reales y sintéticos: en diciembre de 2025, el número de canciones country generadas por IA superaron en ventas a trabajos completamente humanos.
Hay un motivo claro para estas maniobras: el dinero. Herramientas como Suno y Udio producen de forma gratuita y un usuario puede generar cientos de pistas cortas que pueden generar beneficios. Multipliquémoslo exponencialmente: subidas masivas a plataformas, granjas de bots que generan canciones y suben temas sin descanso, automatización de los pagos… No se buscan éxitos aislados, sino sumar millones de reproducciones, contra las que un artista real no puede competir.
Porcentajes. Y por eso Bandcamp y Spotify son tan distintas. Bandcamp es un marketplace directo donde los artistas cobran un promedio del 82% de cada venta, quedándose la plataforma con un 15% en ítems digitales y 10% en físicos, con comisiones de procesamiento de pago adicionales del 4-7%. Bandcamp ha pagado más de 1.640.00 millones de dólares directamente a artistas y sellos desde su fundación en 2008, con 19 millones transferidos solo en 2025 gracias a los “Bandcamp Fridays”, jornadas en las que la compañía renuncia completamente a su comisión. Esta estructura hace que la música generada masivamente por IA sea contraproducente para la plataforma: nadie compra álbums sintéticos producidos mediante prompts.
Mientras tanto, Spotify funciona por suscripción, distribuyendo aproximadamente dos tercios de sus ingresos totales en regalías. La plataforma pagó 10.000 millones de dólares a la industria musical en 2024, pero el pago promedio por stream oscila entre los 0,003 y los 0,005 dólares. Además,Spotify implementó en 2024 un umbral de 1.000 streams anuales para que una pista genere regalías. Esta estructura crea incentivos perversos para hacer “trampa”: producción virtualmente gratuita mediante IA, subida masiva de pistas, uso de granjas de bots para inflar el número de reproducciones… El sistema de pago por stream permite que minúsculas fracciones de centavo se conviertan en cantidades millonarias si hay suficiente volumen.
En Xataka
Ya sabemos cuál era la clave para algo que parecía imposible, ganar dinero en Spotify: ser una IA
La reacción. El movimiento de Bandcamp tiene algo de protección de su imagen, por supuesto, pero también es el reflejo de un rechazo de los consumidores de cultura hacia los productos que pueden calificarse como “slop”: contenido de relleno que prioriza velocidad y cantidad sobre sustancia y calidad. Bandcamp se encuentra, desde luego, ante una tarea titánica: detectar música generada por IA no es sencillo y la plataforma no ha especificado herramientas o metodologías para hacerlo.
La presión futura de grandes sellos discográficos podría erosionar esta política conforme la IA se normalice en catálogos comerciales. Como afirmaba un comentarista en el blog de Bandcamp: “Me pregunto si mantendrán esta postura cuando Warner comience a presionarlos junto a otros distribuidores y plataformas, una vez que la IA generativa sea común entre los artistas”. De momento, el idealismo ha ganado una batalla, pero la guerra se presenta dura y muy cruda.
En Xataka | Escuchar música gratis: 18 webs y apps que puedes usar desde tu móvil o navegador
– La noticia
Spotify ha tenido que eliminar 75 millones de canciones hechas con IA. Bandcamp ha decidido no tener ese problema
fue publicada originalmente en
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por
John Tones
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