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Ciencia y Tecnología

Eric Schmidt, ex-CEO de Google, está construyendo un enorme telescopio espacial. La pregunta no es cómo, sino para qué

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Eric Schmidt, ex-CEO de Google, está construyendo un enorme telescopio espacial. La pregunta no es cómo, sino para qué

Si hoy alguien quisiera construir algo parecido a un nuevo Hubble, lo lógico sería pensar en años de informes, revisiones y comités antes de que la primera pieza de hardware siquiera se fabrique. Sin embargo, esa lógica acaba de romperse con un anuncio inesperado: Eric Schmidt, ex-CEO de Google, y su esposa Wendy han puesto sobre la mesa su propio dinero para impulsar no uno, sino cuatro telescopios, entre ellos un observatorio espacial de gran envergadura.

El movimiento no solo desafía la inercia del sector, sino que plantea una pregunta más profunda que la del presupuesto o la tecnología, qué persigue exactamente un antiguo directivo de Silicon Valley al meterse en el corazón de la astronomía moderna. Se trata de un proyecto impulsado por el Schmidt Observatory System, busca cubrir desde el cielo profundo hasta el estudio detallado de fenómenos transitorios.

Un cambio de modelo. En la actualidad, los telescopio están generalmente en manos agencias públicas y consorcios académicos. Construir espejos cada vez mayores y, después, poner instrumentos en órbita convirtió la astronomía en un asunto de presupuestos nacionales. La entrada de los Schmidt en este terreno sugiere que, con nuevas tecnologías y otra forma de financiar el riesgo, ese equilibrio histórico podría estar empezando a moverse de nuevo.

Riesgo, velocidad y ciencia abierta. El planteamiento detrás del sistema de observatorios no es competir con las agencias espaciales, sino cubrir el espacio que dejan sus propios procesos, largos, conservadores y muy condicionados por presupuestos públicos. Los Schmidt buscan financiar conceptos que ya han sido imaginados por la comunidad científica, pero que rara vez superan la barrera de la financiación oficial por su nivel de riesgo o por los plazos que exigen.

La pieza que da sentido al conjunto y que marca realmente la diferencia es Lazuli, el único de los cuatro proyectos que saldrá de la Tierra. Su objetivo es cubrir un amplio abanico de ciencia, desde eventos transitorios que duran minutos u horas hasta el estudio detallado de exoplanetas, con un nivel de flexibilidad que los grandes observatorios públicos no siempre pueden ofrecer.

Más lejos, más ágil. Una de las rupturas más claras de Lazuli frente al Hubble está en dónde va a operar y cómo. Mientras el telescopio de la NASA orbita a unos 500 kilómetros de la Tierra, Lazuli se situará mucho más lejos, en una órbita elíptica que debería darle una vista más despejada y permitir un enlace de datos rápido y continuo.

Lazuli

Lazuli Space Observatory

En la descripción oficial, Schmidt Sciences enmarca esa operación en una órbita “lunar-resonant”. A eso se suma un espejo mayor, de 3,1 metros frente a los 2,4 metros de Hubble, y una filosofía de observación pensada para reaccionar con rapidez ante fenómenos inesperados.

Una plataforma, varios instrumentos. Lazuli está diseñado como una plataforma única que integra tres instrumentos pensados para cubrir desde observaciones de gran campo hasta el estudio detallado de exoplanetas y fenómenos transitorios.

  • Imager óptico de campo amplio con alta cadencia para series temporales fotométricas, campo de visión de 30′×15′ y filtros entre 300 y 1000 nm
  • Espectrógrafo de campo integral que cubre de forma continua 400–1700 nm, optimizado para espectrofotometría estable y clasificación rápida
  • Coronógrafo de alto contraste para observar directamente exoplanetas y entornos circumestelares, con contrastes de 10⁻⁸ y hasta 10⁻⁹ tras procesado

La era de los telescopios-array. Argus, DSA y LFAST son telescopios tradicionales, sino sistemas distribuidos que aprovechan los avances recientes en computación, almacenamiento y análisis automatizado. En lugar de concentrar todo en una sola estructura, reparten la captación de luz o de señales de radio entre decenas o miles de módulos que luego se sincronizan digitalmente. Esa modularidad pretende acelerar despliegues y abre la puerta a observar el cielo casi en tiempo real, algo fundamental para la astronomía de eventos fugaces.

Telescopios 2

Render del Argus Array (izquierda), Deep Synoptic Array (derecha)

Argus Array reunirá 1.200 telescopios ópticos en Texas para observar de forma casi continua el cielo del norte, con la idea de poder “rebobinar” lo ocurrido minutos u horas antes de un evento como una supernova. DSA, en Nevada y bajo la dirección de Caltech, desplegará 1.600 antenas de radio para mapear más de mil millones de fuentes y actualizar su visión del cielo cada quince minutos. LFAST, por su parte, se instalará en Arizona como un sistema de 20 espejos de 80 centímetros orientado a espectroscopía de gran apertura y a la búsqueda de biosignaturas, con un prototipo previsto para mediados de 2026.

Lo que los Schmidt han puesto en marcha es, en el fondo, un experimento sobre el propio sistema científico. Lazuli y sus tres compañeros en tierra pretenden mostrar que es posible construir observatorios de gran escala con más rapidez y con una apertura de datos que no siempre encaja en los modelos tradicionales. Que esa visión se materialice dependerá de factores aún por despejar, como los contratistas finales, los costes reales o la viabilidad de los calendarios, pero si sale bien, el impacto no se medirá solo en nuevos descubrimientos, sino en una nueva manera de decidir qué ciencia se hace.

Imágenes | Village Global | Schmidt Observatory System

En Xataka | China acaba de resolver una de las mayores dudas para ir a Marte con el nacimiento de seis ratones espaciales


La noticia

Eric Schmidt, ex-CEO de Google, está construyendo un enorme telescopio espacial. La pregunta no es cómo, sino para qué

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Javier Marquez

.

​Si hoy alguien quisiera construir algo parecido a un nuevo Hubble, lo lógico sería pensar en años de informes, revisiones y comités antes de que la primera pieza de hardware siquiera se fabrique. Sin embargo, esa lógica acaba de romperse con un anuncio inesperado: Eric Schmidt, ex-CEO de Google, y su esposa Wendy han puesto sobre la mesa su propio dinero para impulsar no uno, sino cuatro telescopios, entre ellos un observatorio espacial de gran envergadura.
El movimiento no solo desafía la inercia del sector, sino que plantea una pregunta más profunda que la del presupuesto o la tecnología, qué persigue exactamente un antiguo directivo de Silicon Valley al meterse en el corazón de la astronomía moderna. Se trata de un proyecto impulsado por el Schmidt Observatory System, busca cubrir desde el cielo profundo hasta el estudio detallado de fenómenos transitorios.
Un cambio de modelo. En la actualidad, los telescopio están generalmente en manos agencias públicas y consorcios académicos. Construir espejos cada vez mayores y, después, poner instrumentos en órbita convirtió la astronomía en un asunto de presupuestos nacionales. La entrada de los Schmidt en este terreno sugiere que, con nuevas tecnologías y otra forma de financiar el riesgo, ese equilibrio histórico podría estar empezando a moverse de nuevo.

Riesgo, velocidad y ciencia abierta. El planteamiento detrás del sistema de observatorios no es competir con las agencias espaciales, sino cubrir el espacio que dejan sus propios procesos, largos, conservadores y muy condicionados por presupuestos públicos. Los Schmidt buscan financiar conceptos que ya han sido imaginados por la comunidad científica, pero que rara vez superan la barrera de la financiación oficial por su nivel de riesgo o por los plazos que exigen.

La pieza que da sentido al conjunto y que marca realmente la diferencia es Lazuli, el único de los cuatro proyectos que saldrá de la Tierra. Su objetivo es cubrir un amplio abanico de ciencia, desde eventos transitorios que duran minutos u horas hasta el estudio detallado de exoplanetas, con un nivel de flexibilidad que los grandes observatorios públicos no siempre pueden ofrecer.

Más lejos, más ágil. Una de las rupturas más claras de Lazuli frente al Hubble está en dónde va a operar y cómo. Mientras el telescopio de la NASA orbita a unos 500 kilómetros de la Tierra, Lazuli se situará mucho más lejos, en una órbita elíptica que debería darle una vista más despejada y permitir un enlace de datos rápido y continuo.

Lazuli Space Observatory

En la descripción oficial, Schmidt Sciences enmarca esa operación en una órbita “lunar-resonant”. A eso se suma un espejo mayor, de 3,1 metros frente a los 2,4 metros de Hubble, y una filosofía de observación pensada para reaccionar con rapidez ante fenómenos inesperados.
Una plataforma, varios instrumentos. Lazuli está diseñado como una plataforma única que integra tres instrumentos pensados para cubrir desde observaciones de gran campo hasta el estudio detallado de exoplanetas y fenómenos transitorios.
Imager óptico de campo amplio con alta cadencia para series temporales fotométricas, campo de visión de 30′×15′ y filtros entre 300 y 1000 nmEspectrógrafo de campo integral que cubre de forma continua 400–1700 nm, optimizado para espectrofotometría estable y clasificación rápidaCoronógrafo de alto contraste para observar directamente exoplanetas y entornos circumestelares, con contrastes de 10⁻⁸ y hasta 10⁻⁹ tras procesado
La era de los telescopios-array. Argus, DSA y LFAST son telescopios tradicionales, sino sistemas distribuidos que aprovechan los avances recientes en computación, almacenamiento y análisis automatizado. En lugar de concentrar todo en una sola estructura, reparten la captación de luz o de señales de radio entre decenas o miles de módulos que luego se sincronizan digitalmente. Esa modularidad pretende acelerar despliegues y abre la puerta a observar el cielo casi en tiempo real, algo fundamental para la astronomía de eventos fugaces.

Render del Argus Array (izquierda), Deep Synoptic Array (derecha)

Argus Array reunirá 1.200 telescopios ópticos en Texas para observar de forma casi continua el cielo del norte, con la idea de poder “rebobinar” lo ocurrido minutos u horas antes de un evento como una supernova. DSA, en Nevada y bajo la dirección de Caltech, desplegará 1.600 antenas de radio para mapear más de mil millones de fuentes y actualizar su visión del cielo cada quince minutos. LFAST, por su parte, se instalará en Arizona como un sistema de 20 espejos de 80 centímetros orientado a espectroscopía de gran apertura y a la búsqueda de biosignaturas, con un prototipo previsto para mediados de 2026.

En Xataka

Si queremos colonizar la Luna lo más probable es que tengamos que vivir en cuevas. Y Corea del Sur ya lo está planificando

Lo que los Schmidt han puesto en marcha es, en el fondo, un experimento sobre el propio sistema científico. Lazuli y sus tres compañeros en tierra pretenden mostrar que es posible construir observatorios de gran escala con más rapidez y con una apertura de datos que no siempre encaja en los modelos tradicionales. Que esa visión se materialice dependerá de factores aún por despejar, como los contratistas finales, los costes reales o la viabilidad de los calendarios, pero si sale bien, el impacto no se medirá solo en nuevos descubrimientos, sino en una nueva manera de decidir qué ciencia se hace.
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Javier Marquez

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