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Exteriores evita condenar el ataque con drones de Marruecos en el Sáhara Occidental
Reacciona con rapidez para emitir condenas cuando se trata de Oriente Próximo, sin embargo en este caso no emite comunicados Leer Reacciona con rapidez para emitir condenas cuando se trata de Oriente Próximo, sin embargo en este caso no emite comunicados Leer
"España condena la ruptura del alto el fuego en Oriente Próximo y llama a la desescalada"; "España condena el ataque contra los cascos azules de la base Miguel de Cervantes en Líbano"; "Condena de la escalada de violencia en el sur de Líbano y llamamiento al respeto del alto el fuego". Estos son los títulos de los tres últimos comunicados emitidos por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Todos ellos motivados por ataques que violan el Derecho Internacional. El último, del pasado lunes. Si Exteriores reacciona con rapidez para emitir condenas cuando se trata de Oriente Próximo, el silencio se ha instalado en el Ministerio tras el ataque con drones israelíes operados por Marruecos el martes en los territorios liberados del Sáhara.
Un dron suicida perteneciente a las Reales Fuerzas Armadas marroquíes impactó contra el vehículo todoterreno en el que viajaba Lahbib Abdelaziz, hijo del fundador de la organización independentista, Mohamed Abdelaziz. La víctima se encontraba en la zona de Qalibat al-Foula, al este del muro de seguridad. El ataque, además, se produjo durante la visita del Alto Comisionado de Naciones Unidas a la región, a la que no tenía acceso desde hacía una década, pese a que la ONU mantiene desplegada una misión de paz de los Cascos Azules en la zona.
Marruecos y la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) mantienen un conflicto abierto desde hace décadas por el territorio. En noviembre de 2020, el reino alauí llevó a cabo una incursión en el paso de Guerguerat, lo que provocó que el Frente Polisario diera por roto el alto el fuego y declarara extinguido el acuerdo de 1991. Desde entonces, los ataques de ambas partes se producen de manera puntual, aunque Marruecos ha concentrado buena parte de sus acciones militares en el entorno del denominado "muro", una barrera fortificada de 2.700 kilómetros que separa los territorios bajo su control de los territorios liberados administrados por la RASD.
Pero, pese a todo ese contexto, España guarda silencio. Según ha confirmado EL MUNDO, aunque existe "inquietud" en el Ministerio de Asuntos Exteriores, la orden del jefe de la diplomacia, José Manuel Albares, es no pronunciarse. No habrá condena ni valoraciones públicas; tampoco, por el momento, explicaciones oficiales que aclaren cuál es la posición del Gobierno español ante este ataque. "Los departamentos implicados estaban preparados para elaborar contexto y posicionamiento de España, pero la orden ha sido guardar silencio".
Hay que recordar que España abandonó su neutralidad histórica sobre el Sáhara en marzo de 2022. Fue el peaje para reconducir unas relaciones diplomáticas rotas por la acogida del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, en territorio nacional y la posterior crisis bilateral desencadenada con Rabat. La respuesta de Marruecos fue el cruce masivo de personas migrantes por la frontera del Tarajal y el enfriamiento de las relaciones políticas y diplomáticas con Madrid.
En los pasos para reconstruir esas relaciones diplomáticas, el presidente del Gobierno tuvo que cesar a la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, y nombrar a Albares. Este dedicó su primer año al frente del ministerio a recomponer los contactos con Rabat, un proceso que culminó con una nueva hoja de ruta de 19 puntos que comenzaba con el reconocimiento de la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la base "más seria, creíble y realista" para resolver el conflicto, un giro que supuso uno de los mayores cambios en la política exterior española de las últimas décadas.
Desde ese momento, las relaciones entre Marruecos y España han estado marcadas por la falta de transparencia. A pesar de que Albares se felicita de que gracias a su negociación existe una aduana más, los intercambios comerciales por los pasos terrestres siguen siendo puntuales y anecdóticos en comparación con los niveles previos a la crisis diplomática.
Ese contexto explica que el silencio de Exteriores tras este último ataque no pase desapercibido. Mientras el Gobierno mantiene una intensa actividad diplomática y comunicativa ante conflictos en otras regiones, evita pronunciarse sobre una acción militar ocurrida en un territorio cuya descolonización sigue pendiente según Naciones Unidas y sobre el que España mantiene una responsabilidad histórica ineludible. La ausencia de una posición pública alimenta así las críticas de quienes consideran que la nueva relación con Rabat se ha construido a costa de renunciar a la capacidad de cuestionar determinadas actuaciones de Marruecos en el Sáhara Occidental.
