Economía
El futuro de las habilidades técnicas
Actualmente, América Latina y el Caribe enfrentan el desafío de una reconfiguración laboral sin precedentes, en donde el mercado de trabajo se coloca en un punto de inflexión con fuertes amenazas de cara al 2030.
En efecto, la entrada triunfal a las economías de la cuarta revolución industrial (Schwab, 2016), liderada por la inteligencia artificial, la nanotecnología, la biotecnología y la transformación digital, parecen crear un mundo nuevo y, con ello, una nueva dinámica del mercado laboral con efectos sobre las empresas. Así, mientras el mundo avanza hacia una digitalización acelerada, la región enfrenta una paradoja estructural: una alta tasa de desempleo juvenil coexistiendo con una escasez de talento calificado sin precedentes.
Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las empresas latinoamericanas ya no solo buscan programadores, sino individuos que puedan realizar soluciones integrales, con capacidad de traducir datos crudos en decisiones estratégicas, así como ingenieros capaces de rediseñar procesos bajo la lógica de la economía circular.
Estamos hablando de Big Data y de analítica avanzada, y de habilidades STEM (Ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas), que son competencias interdisciplinarias enfocadas en la resolución de problemas complejos, pensamiento crítico, creatividad e innovación tecnológica.
A partir de lo anterior, es obvio que se abre una brecha grande de habilidades en la región latinoamericana, la cual se manifiesta en dos niveles: Brecha de Acceso: falta de conectividad e infraestructura básica en zonas rurales impide la formación de base necesaria para el aprendizaje de habilidades complejas; y Brecha de Pertinencia: desconexión crítica entre los currículos académicos tradicionales y la velocidad de la industria.
Mientras las empresas demandan especialistas en machine learning, muchas universidades siguen centradas en marcos teóricos de la década pasada. Investigadores de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indican que, si no se cierra esta brecha, la región corre el riesgo de quedar atrapada en una nueva forma de extractivismo: el de datos, donde la región consume tecnología, pero no la crea ni la gestiona.
Por otro lado, figuras como el economista Ricardo Hausmann sugieren que el futuro no depende solo de la educación formal, sino de la creación de ecosistemas de aprendizaje continuo. En ese escenario, el concepto de lifelong learning o aprendizaje de por vida deja de ser un eslogan para convertirse en una estrategia de supervivencia económica. Las empresas están comenzando a valorar los microcredenciales y las certificaciones técnicas tanto o más que los títulos de grado, buscando agilidad en lugar de prestigio académico tradicional.
Y esto a quien más afecta, desde el punto de vista empresarial, es a las pequeñas y medianas empresas, en donde la brecha de habilidades técnicas no es solo un desafío operativo, sino un riesgo de subsistencia. Mientas las grandes corporaciones tienen el músculo financiero para importar talento o crear sus propias universidades, las Pymes parecen enfrentarse a una tormenta perfecta.
Y peor aún, la brecha genera una competencia feroz, pues cuando una Pyme logra formar a un técnico en habilidades digitales, suele perderlo rápidamente frente a empresas grandes que ofrecen salarios y beneficios inalcanzables para el pequeño empresario. Bajo este escenario, sin un apoyo estatal que facilite la formación técnica in-situ o compartida, estas empresas corren el riesgo de ser desplazadas por competidores globales más ágiles.
