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El OIEA advirtió sobre los riesgos del programa nuclear iraní
En un contexto global donde la proliferación nuclear vuelve a ocupar un lugar central en las preocupaciones estratégicas, Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), advirtió que la escalada de tensiones en torno al programa nuclear de Irán abre riesgos inéditos para la estabilidad internacional. Grossi detalló que la agencia perdió acceso inmediato a 440 kilos de uranio altamente enriquecido en territorio iraní tras los conflictos recientes, alertando sobre la necesidad de restaurar cuanto antes el régimen de inspecciones y transparencia, clave del Tratado de No Proliferación.
En diálogo con el programa Inside Geopolitics de The Economist, Grossi reveló que hasta días antes de la llamada “guerra de doce días” su equipo mantenía inspecciones regulares y registros “al gramo” de ese material, aunque advirtió: “No sabemos ahora, y por eso necesitamos volver”. Subrayó que el uranio sigue, según la última evaluación técnica, “donde estaba en ese momento”, pero insistió en la urgencia de verificar físicamente los sellos que la OIEA dejó en junio de 2025 en las instalaciones nucleares iraníes.
Grossi explicó que el uranio se halla en forma gaseosa, almacenado en botes ubicados en “túneles de difícil acceso” en Isfahan y otras localizaciones, lo que dificultaría cualquier extracción forzosa por medios militares. Consultado acerca de la factibilidad de una operación comando para extraer el material, fue categórico: “Mover ese material requiere condiciones muy específicas para hacerlo seguro. No es una operación fácil”. Dejó en claro que la preferencia sigue siendo un retorno de los inspectores y la observancia de los protocolos internacionales.
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La autoridad del OIEA remarcó que Irán continúa siendo miembro del Tratado de No Proliferación Nuclear y que, como tal, debe rendir cuentas del destino de todo material y actividad nuclear. Grossi añadió: “No han estado haciendo eso. Hay razones lógicas, hubo una guerra. Pero eso no significa que no debamos volver e inspeccionar ese material, porque si se pierde el conocimiento sobre su paradero podría terminar en un programa no pacífico”.
El funcionario argentino reconoció que antes del estallido del conflicto, Irán disponía de todos los elementos materiales para desarrollar un arma nuclear, aunque enfatizó que no se detectó un “programa institucionalizado y organizado” para ese fin. No obstante, advirtió sobre la “ambigüedad contraproducente” asumida por altos responsables iraníes que declararon poseer “todas las piezas del rompecabezas”. Según Grossi, “con esas capacidades viene la responsabilidad y el compromiso de permitir inspecciones”.
La destrucción militar no elimina la amenaza nuclear
Al referirse a la hipótesis de una destrucción completa del programa nuclear iraní por vía militar, Grossi fue tajante: “No se puede borrar completamente”. Argumentó que Irán es un país grande, con sofisticación industrial y tecnológica en múltiples sectores, y que el conocimiento no puede eliminarse bombardeando instalaciones ni asesinando científicos. “Eso sería inédito y poco realista. No creo que un país con la dimensión y madurez económica de Irán pueda ser impedido de seguir adelante militarmente”, planteó el director general.
Detalló cómo Irán, en menos de cuatro años tras la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear (JCPOA), desarrolló centrifugadoras de altísimo rendimiento, superando las limitaciones iniciales. Esta evolución tecnológica incrementa el desafío de control, ya que muchas actividades podrían continuar en distintos talleres y ciudades, fuera del alcance de ataques militares directos.
Grossi sostuvo que el único modo eficaz de frenar el avance hacia un arsenal nuclear es un régimen de inspecciones robusto y cooperación plena con la OIEA. Defendió la vía diplomática: “Creo en la diplomacia, en los acuerdos. Ha llegado el momento de sentarse a la mesa y considerar opciones para que Irán mantenga un programa nuclear civil, como han manifestado”. Sobre el impacto de la presión militar estadounidense e israelí, Grossi puntualizó que no contribuye a una solución sostenible, sino que fortalece posturas duras y complejiza el panorama de verificación.
La proliferación nuclear: un riesgo global que crece
El contexto regional y global acentúa la preocupación por un eventual efecto dominó. Grossi advirtió: “Estoy genuinamente preocupado por una carrera armamentista masiva, donde muchos países intenten obtener una bomba ahora”. Anticipó que este será uno de los ejes de su mensaje en la próxima conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación, que se celebrará en Nueva York.
El dirigente argentino subrayó los riesgos de una multiplicación del número de potencias nucleares: “No creo ni por un segundo que vivir en un mundo con 25 o 34 países con armas nucleares será más seguro que ahora”. Reconoció los debates crecientes sobre armamento nuclear en países como Corea del Sur, Japón, Polonia o Alemania, impulsados por la percepción de una menor fiabilidad del paraguas estadounidense. Grossi enfatizó la carga económica y tecnológica de iniciar un programa nuclear militar: “Mantener esos programas requiere cientos de miles de millones. Es una carga inmensa para cualquier economía”, dijo a The Economist.
En el caso surcoreano, destacó que “el 76% de la opinión pública” declara su respaldo a disponer de armas nucleares, según una encuesta del Asan Institute, si bien confía en el compromiso de Corea del Sur con sus obligaciones internacionales. Allí, subrayó la importancia de preservar el doble mandato de la OIEA para promover el uso pacífico de la energía nuclear y prevenir su desvío hacia objetivos militares.
Zonas de guerra, plantas nucleares y nueva doctrina internacional
Al abordar el aumento de riesgos para instalaciones nucleares civiles en zonas de conflicto, Grossi relató su experiencia personal en visitas a emplazamientos como Zaporizhzhia, en Ucrania, y Bushehr, en Irán, ambos afectados por bombardeos y amenazas directas. Detalló que la OIEA ha implementado recientemente protocolos y “pilares de seguridad” para plantas nucleares en escenarios de guerra, medidas que han evitado, hasta ahora, accidentes graves.
Grossi afirmó: “En marzo, tras el inicio de la guerra, ya estábamos desplegados cerca del frente. Nuestros inspectores rotan constantemente en los sitios comprometidos. Y hemos logrado contener impactos inmediatos gracias a la interlocución con las partes”. Enfatizó que el hecho de que el organismo supervisor esté presente contribuye a limitar los daños y a sostener cierta contención.
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Por último, el propio Grossi fue objeto de amenazas tras ser señalado por el fallecido dirigente del régimen de Irán, Ali Larijani por “ayudar a Israel y otros a conocer el programa nuclear iraní”, lo que obligó a reforzar sus medidas de seguridad personal, aunque subraya que esto solo ha redoblado su determinación profesional.
“Hay un espacio donde las instituciones multilaterales pueden modificar la realidad y obtener resultados”, afirmó. Frente a la parálisis del Consejo de Seguridad de la ONU y la fragmentación del sistema internacional, Grossi aboga por una revitalización de los mecanismos de seguridad y cooperación que sostengan el frágil equilibrio nuclear global.
El director del organismo, Rafael Grossi, recordó que Teherán sigue sujeto al Tratado de No Proliferación y debe rendir cuentas por su material atómico, denunciando que el régimen ha incumplido esta obligación. Advirtió además que, sin un control verificable sobre su paradero, el uranio “podría terminar en un programa no pacífico” Internacionales, OIEA
