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Mundo Motor

5 segundos fatales: El riesgo real de usar el celular al conducir

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La conducción, actividad fundamental en la vida moderna, entraña riesgos significativos que se intensifican de manera alarmante con la presencia de distracciones.

Acciones consideradas menores o rutinarias, tales como interactuar con un dispositivo móvil, manipular sistemas de audio o navegación, o incluso consumir alimentos al volante, interrumpen la concentración indispensable para operar un vehículo de forma segura. 

Estos breves momentos de desatención pueden ser el catalizador de sucesos trágicos e irreversibles. En consecuencia, la distracción al conducir es todo un fenómeno crítico y letal en la seguridad vial, cobrando numerosas vidas anualmente, a menudo producto de una peligrosa subestimación del riesgo inherente por parte de quienes están al mando del vehículo.

Las mejores aplicaciones de tráfico para el teléfono celular

¿De qué hablamos cuando mencionamos la distracción al volante?

En esencia, la distracción al conducir es cualquier actividad que aparta la mente, las manos o la vista de la tarea principal: manejar de forma segura. Es decir, no hablamos únicamente del teléfono móvil, aunque este se lleva tristemente el protagonismo. 

Hablamos de comer mientras se conduce, de maquillarse usando el espejo retrovisor, de buscar algo en la guantera, de intentar calmar a un niño en el asiento trasero, o incluso de enfrascarse en una conversación profunda con los pasajeros. De igual forma, manipular el sistema de entretenimiento del vehículo son acciones que fragmentan la concentración necesaria para reaccionar a tiempo ante cualquier imprevisto.

Ahora bien, si hay una forma de distracción que enciende todas las alarmas, esa es textear. Enviar o leer un mensaje de texto puede parecer una acción rápida, casi automática para muchos. No obstante, las cifras son escalofriantes. 

Según la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) de Estados Unidos, leer o enviar un texto aparta la vista de la carretera durante un promedio de 5 segundos. Si el vehículo circula a unos 55 mph (90 kilómetros por hora), esos 5 segundos equivalen a recorrer la longitud de un campo de fútbol americano completo con los ojos cerrados. Solo hay que pensar: ¿cruzaría un campo de fútbol a ciegas sabiendo los obstáculos que podría encontrar? Seguramente no. Entonces, ¿por qué asumir ese riesgo al volante?  

Conducir bajo la influencia de sustancias psicoactivas: Un peligro invisible 

El riesgo real de usar el celular al conducir: Más allá de las estadísticas

Y las consecuencias son devastadoras. Solo en 2022, según datos de la NHTSA, más de 3,300 personas perdieron la vida en Estados Unidos en accidentes de tráfico donde la distracción del conductor fue un factor determinante. 

Detrás de cada número, por supuesto, hay una historia truncada, una familia destrozada, un futuro que nunca llegará a ser. Son padres, madres, hijos, amigos; personas con sueños y proyectos que se esfumaron en un instante de descuido.

Quizás lo más trágico y frustrante de todo esto es la falsa sensación de seguridad que acompaña a muchos conductores. La familiaridad con el acto de conducir, sumada a la aparente inocuidad de “solo mirar el móvil un segundo”, crea una peligrosa ilusión de control. 

Muchos piensan, “solo es un segundo”, “yo controlo”, “sé lo que hago”. Se subestima enormemente la cantidad de información visual y auditiva que el cerebro procesa constantemente al conducir y la rapidez con la que una situación puede cambiar drásticamente. 

Un peatón que cruza inesperadamente, un vehículo que frena bruscamente delante, un obstáculo en la vía… la diferencia entre evitar el accidente y provocarlo reside, frecuentemente, en esos pocos segundos de atención perdida.

Lamentablemente, para miles de personas cada año, ese “segundo” fue el último. Creían tenerlo todo bajo control, hasta que dejaron de tenerlo. Pensaban que a ellos no les pasaría, tal y como quizás lo piense usted ahora mismo al leer esto. Pero la realidad es que nadie es inmune. La física no entiende de confianza ni de experiencia al volante cuando la atención no está donde debe estar.

 

La conducción, actividad fundamental en la vida moderna, entraña riesgos significativos que se intensifican de manera alarmante con la presencia de distracciones.

Acciones consideradas menores o rutinarias, tales como interactuar con un dispositivo móvil, manipular sistemas de audio o navegación, o incluso consumir alimentos al volante, interrumpen la concentración indispensable para operar un vehículo de forma segura. 

Estos breves momentos de desatención pueden ser el catalizador de sucesos trágicos e irreversibles. En consecuencia, la distracción al conducir es todo un fenómeno crítico y letal en la seguridad vial, cobrando numerosas vidas anualmente, a menudo producto de una peligrosa subestimación del riesgo inherente por parte de quienes están al mando del vehículo.

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¿De qué hablamos cuando mencionamos la distracción al volante?

En esencia, la distracción al conducir es cualquier actividad que aparta la mente, las manos o la vista de la tarea principal: manejar de forma segura. Es decir, no hablamos únicamente del teléfono móvil, aunque este se lleva tristemente el protagonismo. 

Hablamos de comer mientras se conduce, de maquillarse usando el espejo retrovisor, de buscar algo en la guantera, de intentar calmar a un niño en el asiento trasero, o incluso de enfrascarse en una conversación profunda con los pasajeros. De igual forma, manipular el sistema de entretenimiento del vehículo son acciones que fragmentan la concentración necesaria para reaccionar a tiempo ante cualquier imprevisto.

Ahora bien, si hay una forma de distracción que enciende todas las alarmas, esa es textear. Enviar o leer un mensaje de texto puede parecer una acción rápida, casi automática para muchos. No obstante, las cifras son escalofriantes. 

Según la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) de Estados Unidos, leer o enviar un texto aparta la vista de la carretera durante un promedio de 5 segundos. Si el vehículo circula a unos 55 mph (90 kilómetros por hora), esos 5 segundos equivalen a recorrer la longitud de un campo de fútbol americano completo con los ojos cerrados. Solo hay que pensar: ¿cruzaría un campo de fútbol a ciegas sabiendo los obstáculos que podría encontrar? Seguramente no. Entonces, ¿por qué asumir ese riesgo al volante?  

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Y las consecuencias son devastadoras. Solo en 2022, según datos de la NHTSA, más de 3,300 personas perdieron la vida en Estados Unidos en accidentes de tráfico donde la distracción del conductor fue un factor determinante. 

Detrás de cada número, por supuesto, hay una historia truncada, una familia destrozada, un futuro que nunca llegará a ser. Son padres, madres, hijos, amigos; personas con sueños y proyectos que se esfumaron en un instante de descuido.

Quizás lo más trágico y frustrante de todo esto es la falsa sensación de seguridad que acompaña a muchos conductores. La familiaridad con el acto de conducir, sumada a la aparente inocuidad de “solo mirar el móvil un segundo”, crea una peligrosa ilusión de control. 

Muchos piensan, “solo es un segundo”, “yo controlo”, “sé lo que hago”. Se subestima enormemente la cantidad de información visual y auditiva que el cerebro procesa constantemente al conducir y la rapidez con la que una situación puede cambiar drásticamente. 

Un peatón que cruza inesperadamente, un vehículo que frena bruscamente delante, un obstáculo en la vía… la diferencia entre evitar el accidente y provocarlo reside, frecuentemente, en esos pocos segundos de atención perdida.

Lamentablemente, para miles de personas cada año, ese “segundo” fue el último. Creían tenerlo todo bajo control, hasta que dejaron de tenerlo. Pensaban que a ellos no les pasaría, tal y como quizás lo piense usted ahora mismo al leer esto. Pero la realidad es que nadie es inmune. La física no entiende de confianza ni de experiencia al volante cuando la atención no está donde debe estar.

 

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