Espectáculo
El impacto de las lesiones articulares en el peso corporal

Las lesiones articulares, especialmente en la rodilla o la región lumbar, representan una de las principales causas de inactividad física en adultos jóvenes y de mediana edad.
Aunque a menudo se prescriben reposo y reducción del movimiento como parte del tratamiento, esta recomendación puede ser contraproducente, tanto para la salud metabólica como para la recuperación funcional del paciente.
Inmovilidad = aumento de peso
Desde una perspectiva médica, el dolor articular limita la movilidad y con ello, la capacidad de mantener una rutina de ejercicio regular.
En el caso de la rodilla, una lesión en el ligamento cruzado anterior (LCA), el menisco o incluso la artrosis temprana, puede inducir a una rápida disminución de la masa muscular del cuadriceps (atrofia por desuso), lo cual desestabiliza aún más la articulación.
A nivel lumbar, el dolor por hernias discales o degeneración de discos intervertebrales también lleva al paciente a evitar el movimiento, aumentando la rigidez y perpetuando el dolor.
Esta inmovilidad tiene consecuencias metabólicas significativas. El gasto energético basal disminuye, lo cual, en ausencia de una adecuada intervención nutricional, favorece el aumento de peso corporal, particularmente de masa grasa.
Estudios han demostrado que incluso una reducción de la actividad física durante dos semanas puede alterar la sensibilidad a la insulina, elevar los triglicéridos y aumentar el riesgo de desarrollar síndrome metabólico.
Además, el aumento de peso corporal ejerce una carga adicional sobre las articulaciones lesionadas.
Por cada kilogramo de peso extra, las rodillas reciben entre 4 y 6 veces ese peso con cada paso. En pacientes con dolor lumbar, el exceso de grasa visceral se asocia con una mayor inflamación sistémica, lo que agrava el dolor y la degeneración discal.
Por otro lado, el enfoque tradicional del reposo absoluto ha sido cuestionado por múltiples guías clínicas. La evidencia actual recomienda el reposo relativo, es decir, evitar las actividades que agraven el dolor agudo, pero mantener el cuerpo en movimiento mediante ejercicios adaptados y personalizados.
La fisioterapia activa, la movilización controlada y el entrenamiento de fuerza en cadenas musculares complementarias no solo mejoran la función articular, sino que también previenen la ganancia de peso.
Desde la nutrición clínica, es crucial adaptar el plan alimentario para reducir la densidad energética sin comprometer la masa muscular. La combinación de una dieta antiinflamatoria rica en proteínas, omega 3, antioxidantes y fibra, con entrenamiento supervisado, acelera la recuperación y evita la espiral de dolor-inactividad-aumento de peso.
En conclusión, las lesiones articulares no solo afectan el sistema musculoesquelético, sino que tienen un efecto cascada en el metabolismo y la composición corporal.
Reposar no es sinónimo de sanar: moverse de forma inteligente, mantener la masa muscular y controlar el peso son pilares esenciales en el abordaje multidisciplinario de estas lesiones.