Baloncesto
¡El Bilbao Basket, a la final!
Nadie puede dar por sentado nada en este reino de los cielos. Miribilla hace posible lo que ningún ser humano alcanza a comprender. Esa que conocen como la guarida de los hombres prodigiosos. La lógica no existe en este recinto maravilloso en el que pasan cosas extraordinarias. El Bilbao Basket cumple 25 años, un cuarto de siglo plagado de fenómenos memorables. Como remontar dos veces 19 puntos en contra en la FIBA Europe Cup. El año pasado lo hizo en cuartos ante el Legia. Esta vez se veía como algo imposible levantar un 77-58 a 5:09 para acabar, con el 69-66 que sellaba Booth. Parecía un equipo, el JDA, infranqueable, puro granito, pero solo era fachada. Cayó un rayo de encantamiento que paralizó al Dijon. Una puñetera salvajada. Una bomba atómica, como lo definió Dragic, destrozó el gobierno férreo de los galos, reventaron su muro resistente durante 75 minutos de eliminatoria. Los milagros que a veces pasan en este castillo verde y amarillo. Si la fe mueve montañas, en esta ocasión trasladó en el mapa una cordillera. De esos cinco minutos hasta sobró uno y medio, porque a 1:38 para la conclusión el average estaba igualado, tras un triple de Rahkman: 87-66. ¡En 3:31 se había pasado de ganar por tres a nivelar la semifinal! Aún se estiró el parcial a 89-66 con un delicioso 20-0. Un instante heroico, mágico, que engrandece a este club y al propio baloncesto. Una proeza que recogerán los libros del juego que inventó el profesor Naismith. Aquí tenemos un capítulo hermoso, de los más bellos, en la vida que nadie debería perderse de esta entidad entrañable. Si alguien puede explicar con un razonamiento coherente lo que pasó., adelante, porque aquello se escapa al juicio de los mortales. Como suele exhibir el técnico Ponsarnau, la manada de lobos empezó a aullar y sacó de sus casillas a corderos vestidos de corto en el otro lado de la pista..
Los ‘hombres de negro’ repiten la gesta del año pasado ante el Legia y levantan 19 puntos en contra, esta vez ante el Dijon y para pelear por el título.
Nadie puede dar por sentado nada en este reino de los cielos. Miribilla hace posible lo que ningún ser humano alcanza a comprender. La lógica no existe en este recinto maravilloso en el que pasan cosas extraordinarias. El Bilbao Basket cumple 25 años, un cuarto de siglo plagado de fenómenos memorables. Como remontar dos veces 19 puntos en contra en la FIBA Europe Cup. El año pasado lo hizo en cuartos ante el Legia. Esta vez se veía como algo casi imposible levantar un 77-58 a 5:07 para acabar, con el 69-66 que sellaba Booth. Parecía un equipo, el JDA, infranqueable, puro granito, pero solo era fachada. Cayó un rayo de encantamiento que paralizó al Dijon. Una bomba atómica destrozó el gobierno férreo de los galos. Los milagros que a veces pasan en este castillo verde y amarillo. De esos cinco minutos hasta sobró uno. Un instante heroico, mágico, que engrandece a este club y al propio baloncesto. Una proeza que recogerán los libros del juego que inventó el profesor Naismith.
Tal vez alguien en Marte pueda explicar lo que sucedió. Un acontecimiento épico se queda pequeño ante semejante heroicidad. Sin comerlo ni beberlo, solo por pura fe, entró el Surne en estado de gracia. Liderado por Rahkman, Dragic y De Ridder, fue alimentando su ilusión hasta devorar a los de blanco y lograr el billete para la final a ida y vuelta. Un 28-2 puso la alfombra hacia la gloria, hacia el éxtasis. El cuarto final resume con números algo que no pueden pincelar las palabras: 41-16. El técnico Legname, abrumado e irritado, no quiso comparecer al final del encuentro. Un estallido de júbilo. Explosión de alegría en un club humilde. Podrá sacarse la espina de la Eurocup en 2013, aquella final que se escapó entre lágrimas. Momento para hacer historia. Faltaban los dos cincos titulares, pero da igual, allí estaba el resto de los héroes. Por ejemplo, un Bagayoko que va a dar que hablar. Cuando Cazalon, verdugo de sus compatriotas, reventó la pelota en la canasta visitante coincidiendo con el bocinazo final del partido, Miribilla estalló en un gozo tan inesperado como merecido. El PAOK, un ilustre del concierto continental, se cruzará en el último sueño de la entidad, el de ganar un título, el de ser el segundo club vizcaíno que reina en esta parte del mundo tras el BSR de silla de ruedas. Será el 16 y 23, con la vuelta en Salónica.
El Bilbao Basket quiso darse prisa para voltear el asunto y eso le llevó a precipitarse en varias ocasiones. Un 7-0 ponía al cuadro de Ponsarnau en la pista de que se estaba gestando algo grande. Mostraba firmeza en el camino hacia la remontada. Cazalon trataba de erigirse en líder, con los jóvenes interiores Sylla y Bagayoko fajándose e igualando la contienda en las zonas. En esa línea, aunque más consistente el primero, dos mates de Bagayoko hicieron estremecer un Miribilla que mantenía la esperanza al inicio del segundo cuarto (26-16). Hasta que un 0-6 devolvió parte de la desazón de los 19 puntos en contra de la ida (26-22). Los vascos necesitaban una anotación alta, pero para esa receta hace falta meter mucho y rápido, a ser posible por la vía del triple. Al descanso, el panorama era desolador. Un 3/18 en el bando local y el desastre en el visitante: 0/10. Lanzamientos liberados, bien ejecutados, pero por la ansiedad y los nervios, llegaban las imprecisiones. El Dijon se apoyaba en Ware, un pívot tosco, rocoso, a la vieja usanza, que se mueve con fundamento bajo el aro con sus fintas y ganchos y que desbordaba ante los livianos interiores locales.
RESUMEN
68 – JDA Bourgogne Dijon (12+18+22+16): Julien (5), Ducote (2), Hrovat (10), McDuffie (18) y Sengfelder (4) -cinco inicial-; Booth (11), Kamardine (4), Dokossi (2) y Ware (12).
Árbitros: Julio Anaya (Panamá), Gintaras Maciulis (Lituania) y Mihkel Männiste (Estonia). Eliminado por faltas el visitante Hrovat (m.40).
Incidencias: Partido de vuelta de semifinales de la Copa de la Copa Europa FIBA disputado en el Bilbao Arena de Miribilla ante unos 6.192 espectadores.
El tercer cuarto fue un pulso entre las intenciones de abrir hueco del Bilbao y las del conjunto francés de hacerse no solo con la eliminatoria sino también con el partido. Hrovat, otro tipo con horas de vuelo, encontraba buenas situaciones y faltas. Y Julien llevaba la batuta con mano firme. Booth no temblaba y era Sengfelder el que desentonaba. Los contactos eran durísimos, saltaban chispas, aquello prometía ser largo. El Dijon empezó a poner un ritmo plomizo, a llevar el control del juego, con un McDuffie excelso. Todos se apoyaron en su enorme clase, sin advertir que iba a venir un derrumbe de los que hacen época. Dragic empezó a tomar las riendas, por jerarquía. Sentía que ha fichado en Bilbao para momentos así.
El Dijon empezó a verlo hecho. Cada vez que daba un estirón el cuadro de la ACB, lo paraba con un tiempo muerto o una falta dura que trataba de cortar las alas al rival. Las oleadas se frenaban con mucha templanza y nada hacía presagiar el despiporre. La dura misión había pasado a ser una quimera y se invocó a la esquizofrenia en este epicentro de los milagros. Rubén Domínguez no encontraba su tiro y resulta dos lanzamientos exteriores suyos prendieron la mecha. Bagayoko estaba rindiendo como un veterano. Un lío en una pelota que se perdió por línea de fondo muy protestada por De Ridder cambió el curso de la historia. Le pitaron técnica, Ponsarnau se encendió en la banda y McDuffie se volvió loco. Fue descalificado. La magia empezó a operar. Rahkman entró en combustión y el equipo bilbaíno hizo puntos como churros en el último cuarto, todo lo que tiraba le entraba. Una defensa muy agresiva disparó las carreras y esa aceleración se completó con triples, ahora sí, anotados. El ciclón perfecto. Allí no había táctica que valiese, sólo desenfreno, demencia… Menuda fiesta, se recordará durante años. La plantilla, dominada por el arrebato embriagador, se lanzó a la Grada de Animación a celebrarlo como se merecía. Hasta Ponsarnau, del que algunos dicen que es muy serio, se puso unas gafas cómicas en la rueda de prensa posterior. Era una promesa y arrancó la carcajada de los asistentes. Los de la Grada de Animación irrumpieron en la sala en pleno discurso del entrenador para invadirla con su verbena. Bilbao no es solo Athletic. Soñar no está prohibido, es obligatorio.
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Ponsarnau: “Una pasada”
Jaume Ponsarnau admitió que no encontraba palabras para definir lo que vivido este miércoles. “Ha sido una pasada. No encuentro palabras para definir la emoción de los jugadores al celebrarlo en el vestuario. El staff, el público… Ha sido guapo”, aseguró el técnico de los ‘hombres de negro’ antes de ser interrumpido en su comparecencia por un grupo de aficionados que le vitorearon.
“Estamos muy contentos por el equipo, el club y toda la afición se merece un premio como el que hemos vivido esta noche. A ver si nos sirve para dar un paso adelante y seguir representando a esta ciudad lo más lejos posible”, añadió. Sobre el partido, comentó que “pasase lo que pasase, siempre había tiempo” y “lo importante era buscar nuestro momento”.
“Nuestro compromiso era intentarlo a partir de que se podía conseguir. Ese momento ha llegado y ha cambiado el partido”, apuntó recordando el 69-66 que reflejaba el luminoso a 5.06 para el final desde el que llegaron al 97-68 definitivo. “Era el momento de Dragic y de Mars (Abdur-Rakhman) con su experiencia. También con Bassala (Bagayoko) ha sido un punto de inflexión, los dos rebotes ofensivos de Tjhijs (De Ridder), la defensa de Pantzar”, destacó Ponsarnau.
“Y con el hándicap de que nos faltaban dos jugadores súper referentes como Hlinason y Jones que nos hacían cambiar la propuesta defensiva, aunque creo que en este partido nos ha ido bien. Les hemos creado problemas y el equipo estaba muy enchufado”, añadió el entrenador del Surne Bilbao.
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Bagayoko: “Una pasada”
Bassala Bagayoko aseguró tras la espectacular remontada frente al Dijon que en el vestuario bilbaíno pensaban antes del partido que “era difícil, pero no imposible” levantar los 19 puntos de desventaja que encajaron en Francia. “Ha sido genial”, resumió el joven pívot africano de 18 años aún eufórico en la sala de prensa de Miribilla tras el triunfo que ha metido a los ‘hombres de negro’ en la final. “Xabi (Rabaseda), que es quien me ayuda siempre, me decía todos los días que no era imposible y me decía que tenía que darlo todo. Y eso es lo que he hecho”, añadió el malienses. Dragic se mostró feliz y ambicioso. “En mi carrera he tenido muchos partidos importantes como este, pero la ambición nunca decae. Estamos muy felices y queremos más”.
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