Tenis
Nadal: “Nunca he tenido un ego importante”

Hace 133 días que Rafa Nadal se despidió del tenis. Un 19 de noviembre en Málaga, cuando perdió frente a Botic van de Zandschulp, Holanda se creció y echó a España de la Copa Davis, acelerando la despedida del ganador de 22 Grand Slams. Esa que nadie, ni él, quería nunca que llegara. “Y sigo sin coger la raqueta”, cuenta con la sonrisa en la boca, relajado, fino, vestido casual de elegante azul marino 133 días después en la Escuela Universitaria UAX Rafa Nadal, en el campus de Villanueva de la Cañada (Madrid), donde acudió a dar una charla sobre ‘Rendimiento deportivo y salud’ a dos centenares de alumnos de los grados de CAFYD (Ciencias de la Actividad Física y el Deporte), así como de los dobles grados que se imparten con Fisioterapia y Nutrición Humana y Dietética.
Rafa Nadal ofrece una masterclass en la UAX sobre los desafíos físicos y mentales del deporte y habla de su nueva vida alejado de la competición.
Hace 133 días que Rafa Nadal se despidió del tenis. Un 19 de noviembre en Málaga, cuando perdió frente a Botic van de Zandschulp, Holanda se creció y echó a España de la Copa Davis, acelerando la despedida del ganador de 22 Grand Slams. Esa que nadie, ni él, quería nunca que llegara. “Y sigo sin coger la raqueta”, cuenta con la sonrisa en la boca, relajado, fino, vestido casual de elegante azul marino 133 días después en la Escuela Universitaria UAX Rafa Nadal, en el campus de Villanueva de la Cañada (Madrid), donde acudió a dar una charla sobre ‘Rendimiento deportivo y salud’ a dos centenares de alumnos de los grados de CAFYD (Ciencias de la Actividad Física y el Deporte), así como de los dobles grados que se imparten con Fisioterapia y Nutrición Humana y Dietética.
Es el Rafa 2.0, el de la nueva vida tras el tenis a sus 38 años. Un camino que inició ya hace tiempo con su Academia en Manacor. El empresario que acaba de inaugurar su primer hotel Zel en América, en Punta Cana. El deportista que siempre destaca la educación que recibió y que ahora intenta devolver a la sociedad lo que obtuvo a través de colaboraciones como la de la Escuela Universitaria UAX Rafa Nadal, que cuenta con la participación de AS. Un modelo educativo diferencial que integra la formación teórica con profesionales líderes y contenido práctico por el cual los alumnos resuelven casos reales diseñados por el equipo de Nadal y el claustro de la Universidad Alfonso X el Sabio.
Pablo García, el campeón de tenis universitario de Madrid, recibe la sorpresa de su vida cuando Nadal se acerca y le saluda camino del pabellón que lleva su nombre. Y donde los móviles se elevan sobre las cabezas para inmortalizar el momento. Habla Rafa. Hay que aguzar el oído y aprender.
‘¿Cómo es el Nadal después del deporte?’, le pregunta Daniel, un alumno. “He perdido competitividad y eso me enfada. Voy a jugar al golf y no estoy tan concentrado. No entiendo ir a jugar sin un objetivo, más allá de acondicionar el cuerpo”, le responde divertido porque recuerda que durante su carrera ha sido “más un competidor que un ganador, me gusta más competir, luchar, que ganar fácil, el reto”. “Después de tantos años, cuando te retiras, hay un impasse en el que la cabeza y el cuerpo hacen un parón, pero desde hace unas semanas ya me siento más centrado. La retirada no me ha sentado mal, lo he tolerado bien. La cabeza hace un stop momentáneo”, cuenta.
Y, claro, ante futuros preparadores de deportistas, toca repasar su carrera, esa de los 14 Roland Garros, de los 92 títulos, de los dos oros olímpicos, de las cinco Davis, de las 209 semanas como número uno… “No he tenido nunca un ego muy importante. No he pensado nunca mucho en números. Siento satisfacción por haber acabado sabiendo que he dado todo lo que podía dar. Volver a casa de un torneo con la sensación de no haber hecho todo lo que estaba en mi mano no cabía en mí. Siempre regresé con la tranquilidad de que no había más. Lo que a uno le llena es saber que te has superado a ti mismo. Ganar o perder son circunstancias que uno no controla”, recuerda.
“Lo que se ve en la pista es un reflejo de lo que has hecho toda tu vida. Cuando estás en un examen, sale lo que has preparado antes”, sigue mientras la atención no decae. “Mi tío (Toni) me entrenó desde que tuve tres años y luego se añadieron otras personas que también han sido decisivas. Recibí una educación adecuada y una preparación acorde a lo que podría suceder en el futuro. También tuve una familia que me trató siempre como un hijo más, sin añadirme un ápice de presión”, repasó sobre su etapa de formación. Eso le ayudó después: “Cuando llegan los momentos de presión, los importantes, esa preparación te ayuda a tolerar todo lo que va sucediendo. Es autocontrol, gestión de las emociones”.
Ese niño que entendió pronto lo que quería ser, recibió ya un palo gordo en 2005. Cuando le diagnosticaron el Síndrome de Müller-Weiss en el pie izquierdo, una enfermedad degenerativa por la que acabó con el escafoides partido. “No había una salida. Varios médicos me dijeron que no volvería a jugar. Y tenía 19 añitos… Al final se encontró la solución de desviar el punto de apoyo con una plantilla exagerada de 7 milímetros y una zapatilla especial para que cupiera dentro. Funcionó. Se arregló el pie, pero se estropeó todo lo demás. Se me desestructuró el cuerpo”, relata sobre el peaje que tuvo que pagar para seguir.
Pero siguió. Y ganó ‘la final más bella’ en Wimbledon 2008 a Roger Federer. “Fue de los partidos más difíciles de gestionar de mi carrera por lo que significaba para mí ese momento. Era la tercera final de Wimbledon tras perder en 2006 y 2007 ante él. Estaba dolido y ganarlo me dio un impulso a nivel de confianza, de demostrarme a mí mismo que podía ganar torneos grandes fuera de la tierra”, explica. O el día que derrotó al ‘Win Predictor’ de Australia, que otorgaba a Daniil Medvedev un 96% de posibilidades de victoria cuando iba 2-0 y por delante en el tercer set y lo volteó. “Pensaba que iba a perder. Pero era muy importante no dejarme ir. He sido un jugador con una buena capacidad de autocontrol. No he sido un tenista frustrado dentro de la pista y aceptar las cosas te permite encontrar soluciones. Por el 4% valía la pena pelear. Ese siempre ha sido mi punto de vista”, desgrana.
Ahora, es el Rafa que ya mira su deporte desde la barrera, y que reflexiona: “El tenis no ha cambiado prácticamente nada en cuanto a reglas en toda su historia. La gente cada vez es más alta y se mueve mejor. El servicio tiene un impacto decisivo. Si no hay ningún cambio de normas que pueda limitar esa potencia, llegará alguien de más de dos metros y con buena movilidad y no podrás competir contra él, no podrás hacer un break. Ese día aún no ha llegado. Djokovic ha estado en la final de Miami hace dos días, yo hace año y medio competía… lo cual me lleva a pensar que el cambio aún no ha sido tan radical porque hemos seguido teniendo posibilidad de éxito”.
Los alumnos de la Escuela Universitaria UAX Rafa Nadal podrían pasar dos horas escuchando a su profe más especial, cercano, abierto, normal. “La vida del deportista es un continuo aprendizaje, aprendes de las ‘castañas’ que te vas dando”, les lanza franco antes de despedirse. La vida misma. La que también continúa para él, ya sin la raqueta en la mano 133 días más tarde.
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