Espectáculo
Quito es un tesoro en la mitad del mundo

Quito es una joya vibrante enclavada entre majestuosos volcanes y valles andinos, un destino que cautiva con su energía, su historia y su asombrosa diversidad cultural y natural.
A finales de enero fui invitada a conocer Quito y debo confesar que dos días no son suficientes para abarcar la riqueza de esta gran ciudad, donde la modernidad y la tradición conviven en perfecta armonía.
Desde el primer momento, Quito impresiona con su infraestructura bien planificada, que permite recorrerla de manera ágil y segura, facilitando el acceso tanto a su emblemático centro histórico como a sus múltiples atractivos naturales y urbanos.
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La ciudad, un museo al aire libre
Su casco colonial, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es un verdadero museo al aire libre.
Caminar por sus calles empedradas es sumergirse en siglos de historia, con monumentos que cuentan relatos fascinantes, como la imponente Iglesia de la Compañía de Jesús, adornada con pan de oro, o la conmovedora historia de la Virgen de la Dolorosa, cuya imagen, según la fe popular, lloró y parpadeó en 1906 en el Colegio San Gabriel.
También destaca la leyenda del Padre Almeida en el Monasterio de San Diego, un relato que envuelve la ciudad en un halo de misterio y espiritualidad.
Experiencia gastronómica
La gastronomía quiteña es un deleite para los sentidos, ofreciendo una fusión de sabores tradicionales y experiencias culinarias de clase mundial.
Desde un reconfortante locro de papa en una plaza típica hasta una cena sofisticada en el Hotel Casa Gangotena o en el rooftop del Hotel Le Parc, cada plato es una celebración de la identidad ecuatoriana.
Explorar la naturaleza
Pero Quito no es solo historia y gastronomía, sino también naturaleza en su máxima expresión.
A pocos minutos de la ciudad, el Cotopaxi se erige como un guardián de los Andes, invitando a los aventureros a explorar sus senderos y paisajes.
Cabalgar en sus faldas o descubrir los microclimas que lo rodean es una experiencia que transporta a diferentes mundos en cuestión de minutos.
A solo 1 hora y 30 minutos del centro, se puede vivir una aventura rural que da la sensación de viajar en el tiempo, conectando con la esencia más pura de los Andes ecuatorianos.
Más allá de su belleza, Quito refleja el espíritu progresista del Ecuador y el esfuerzo de su gente por enaltecer su tierra.
Es una ciudad que no solo preserva su pasado con orgullo, sino que también mira hacia el futuro con determinación.
En cada rincón, en cada historia y en cada sonrisa, se percibe la pasión de su gente por compartir con el mundo este destino extraordinario.