Bienestar
Arteterapia, el método con pintura que te ayuda a superar tus miedos y conocer tus limitaciones
Los psicólogos y terapeutas tienen varias formas de hacer que sus pacientes interpreten, expresen y resuelvan sus emociones y pensamientos, y una de ellas es a través de la arteterapia . De este modo, los pacientes trabajan con un terapeuta especializado para explorar sus emociones , comprender los conflictos o sentimientos que les causan angustia y mediante el arte solucionan esos problemas.La arteterapia como disciplina comenzó en la década de 1940 y se hizo más popular en la década de 1970. Al igual que otras terapias de artes expresivas, como la danzaterapia o la musicoterapia, se basa en la creatividad. A día de hoy es habitual recurrir a ella y sirve además como una actividad para la relajación y no solo para el autodescubrimiento.Noticias relacionadas estandar Si Tres meditaciones guiadas que ayudan a disipar la niebla mental Belén Colomina estandar No Miedo a ser uno mismo: «Nunca ha sido tan fácil como hoy parecer sin ser» Tomás NavarroCada experto tiene su propio método y Amaya de Andrés hace ya más de 20 años que comenzó a utilizar la pintura con fines terapéuticos. Al ser tan accesible y, generalmente, atractiva para todo el mundo, «resultaba ser un facilitador para afrontar de forma amable, los episodios y asuntos más desagradables o limitantes de la propia vida».Durante una sesión de arteterapia, con Amaya de Andrés.Pinta con la mano no dominante«He desarrollado un método de trabajo, Pintura Estratégica, desde mi propia experiencia con el manejo de los recursos plásticos y la convicción del potencial resolutivo que tiene el acto de pintar implicando a todo el cuerpo», indica la experta. Indica que con todo ello ha generado una forma de acompañar a las personas en momentos vitales intensos, utilizando los colores y el papel como mediadores principales de su proceso, generando experiencias para resolver los problemas a través de intervenciones adaptadas y soluciones practicadas directamente pintando, que se integran sin mayor esfuerzo a su abanico de recursos disponibles.Amaya de Andrés empezó pintando con niños desde su área profesional, la psicomotricidad, y tras observar lo bien que funcionaba para destrabar nudos, comenzó a buscar métodos y estrategias para abrir la posibilidad a los adultos. tras varios años ayudando a personas con enfermedad mental cronificada abrió el abanico a personas en cualquier circunstancia vital.«Tras numerosas formaciones y la experiencia de acompañar a muchos clientes con sus variados asuntos, he llegado a una forma de ejercer la pintura que genera mejoras concretas en la calidad de vida , de forma orgánica», dice. Por ejemplo, pintar con la mano no dominante.He de reconocer -ya que te he tenido el gusto de probar su método- que si el momento embadurnar la mano con pintura no me resultó nada atractiva, menos lo fue hacerlo con la izquierda. En mi caso, soy diestra por lo que esta mano bien podía estar guardada en el bolsillo porque para la sesión no iba a ser necesaria. La experta anuncia que el salir de nuestra zona de confort ayuda a salir a esas emociones enquistadas.Adiós al miedoLas sesiones de pintura comienzan cuando el paciente escoge un color y pinta con él sobre una cartulina pegada en una pared llena de color. ¿Dónde pone ese color? ¿En el centro de la hoja? ¿En una esquina? ¿Cuánta cantidad utiliza? Son demasiadas cuestiones que dicen mucho de nosotros, hagamos lo que hagamos. En general, gracias a esta técnica y a las preguntas que Amaya de Andrés hace a quienes se enfrentan a la sesión, la arteterapia les hace ver su propia vida con parámetros mucho más amplios y tener una mayor capacidad de maniobra incluso en situaciones vitales especialmente estresantes.«Además, particularmente, les ayuda a eliminar síntomas físicos sin base orgánica que sospechan son emocionales y disminuir el estrés que les generan situaciones concretas que viven. También a disolver miedos desajustados e incapacitantes, aumentar su vitalidad cotidiana, ser menos reactivos en situaciones profesionales o personales, superar relaciones complicadas, activar las acciones necesarias para alcanzar metas pospuestas», señala, y aclara que aunque el proceso tiene una durabilidad en función de la persona y su bagaje, «generalmente en seis sesiones ven cambios importantes o, en algunos casos, definitivos».
Los psicólogos y terapeutas tienen varias formas de hacer que sus pacientes interpreten, expresen y resuelvan sus emociones y pensamientos, y una de ellas es a través de la arteterapia . De este modo, los pacientes trabajan con un terapeuta especializado para explorar sus emociones , comprender los conflictos o sentimientos que les causan angustia y mediante el arte solucionan esos problemas.La arteterapia como disciplina comenzó en la década de 1940 y se hizo más popular en la década de 1970. Al igual que otras terapias de artes expresivas, como la danzaterapia o la musicoterapia, se basa en la creatividad. A día de hoy es habitual recurrir a ella y sirve además como una actividad para la relajación y no solo para el autodescubrimiento.Noticias relacionadas estandar Si Tres meditaciones guiadas que ayudan a disipar la niebla mental Belén Colomina estandar No Miedo a ser uno mismo: «Nunca ha sido tan fácil como hoy parecer sin ser» Tomás NavarroCada experto tiene su propio método y Amaya de Andrés hace ya más de 20 años que comenzó a utilizar la pintura con fines terapéuticos. Al ser tan accesible y, generalmente, atractiva para todo el mundo, «resultaba ser un facilitador para afrontar de forma amable, los episodios y asuntos más desagradables o limitantes de la propia vida».Durante una sesión de arteterapia, con Amaya de Andrés.Pinta con la mano no dominante«He desarrollado un método de trabajo, Pintura Estratégica, desde mi propia experiencia con el manejo de los recursos plásticos y la convicción del potencial resolutivo que tiene el acto de pintar implicando a todo el cuerpo», indica la experta. Indica que con todo ello ha generado una forma de acompañar a las personas en momentos vitales intensos, utilizando los colores y el papel como mediadores principales de su proceso, generando experiencias para resolver los problemas a través de intervenciones adaptadas y soluciones practicadas directamente pintando, que se integran sin mayor esfuerzo a su abanico de recursos disponibles.Amaya de Andrés empezó pintando con niños desde su área profesional, la psicomotricidad, y tras observar lo bien que funcionaba para destrabar nudos, comenzó a buscar métodos y estrategias para abrir la posibilidad a los adultos. tras varios años ayudando a personas con enfermedad mental cronificada abrió el abanico a personas en cualquier circunstancia vital.«Tras numerosas formaciones y la experiencia de acompañar a muchos clientes con sus variados asuntos, he llegado a una forma de ejercer la pintura que genera mejoras concretas en la calidad de vida , de forma orgánica», dice. Por ejemplo, pintar con la mano no dominante.He de reconocer -ya que te he tenido el gusto de probar su método- que si el momento embadurnar la mano con pintura no me resultó nada atractiva, menos lo fue hacerlo con la izquierda. En mi caso, soy diestra por lo que esta mano bien podía estar guardada en el bolsillo porque para la sesión no iba a ser necesaria. La experta anuncia que el salir de nuestra zona de confort ayuda a salir a esas emociones enquistadas.Adiós al miedoLas sesiones de pintura comienzan cuando el paciente escoge un color y pinta con él sobre una cartulina pegada en una pared llena de color. ¿Dónde pone ese color? ¿En el centro de la hoja? ¿En una esquina? ¿Cuánta cantidad utiliza? Son demasiadas cuestiones que dicen mucho de nosotros, hagamos lo que hagamos. En general, gracias a esta técnica y a las preguntas que Amaya de Andrés hace a quienes se enfrentan a la sesión, la arteterapia les hace ver su propia vida con parámetros mucho más amplios y tener una mayor capacidad de maniobra incluso en situaciones vitales especialmente estresantes.«Además, particularmente, les ayuda a eliminar síntomas físicos sin base orgánica que sospechan son emocionales y disminuir el estrés que les generan situaciones concretas que viven. También a disolver miedos desajustados e incapacitantes, aumentar su vitalidad cotidiana, ser menos reactivos en situaciones profesionales o personales, superar relaciones complicadas, activar las acciones necesarias para alcanzar metas pospuestas», señala, y aclara que aunque el proceso tiene una durabilidad en función de la persona y su bagaje, «generalmente en seis sesiones ven cambios importantes o, en algunos casos, definitivos».