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Soledad Álvarez y sus ecos silenciosos
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Soledad Álvarez concibe la poesía como un acto de fe en la palabra y la vida. Adentrarse en sus textos es experimentar la intensidad que todos, de alguna manera, llevamos dentro. Su voz nos permite sentir una forma de resistencia.
Álvarez es poeta y ensayista. Estudió Filología en La Habana, Cuba, donde trabajó durante cinco años en el Centro de Investigaciones Literarias (CIL) de Casa de las Américas.
En la década del sesenta formó parte del grupo literario La Antorcha.
Ha sido galardonada con el Premio Nacional de Literatura 2022, en dos ocasiones obtuvo el Premio Nacional de Poesía, recibió el Siboney de Ensayo con el libro La magna patria de Pedro Henríquez Ureña y fue distinguida con el XXII Premio Casa de América de Poesía Americana por su obra Después de tanto arder.
Desde niña, su carácter resuelto la llevó a fundar el periódico de su escuela y a ser la guardiana de los secretos de sus amigas, para quienes escribía cartas con soltura.
El universo femenino de Brenda Navarro
Sin embargo, su vínculo más firme con la literatura nació tras la lectura de La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca. Y así, con tan solo diecisiete años, sin decirle a nadie, envió un relato breve al diario que leía cada semana; para su asombro, el texto salió publicado.
Luego de la emoción y la sorpresa, supo inmediatamente que quería ser escritora. En sus propias palabras: «lo mío eran las letras, la palabra y sus silencios, su fragilidad de aire, su poder para interpretar y también cambiar el mundo, para expresar lo inexpresable en el misterio de la poesía».
Se considera irremediablemente de la generación de los años sesenta y setenta, época en que la ciudad de Santo Domingo era en sí misma uno de los grandes personajes del momento.
La vivían, la caminaban y la experimentaban. Soledad trata de reinventar esos años y se siente incapaz de transmitir el fervor de esa época. Empero, esa intensidad se quedó y la percibe como parte de su voz literaria, la que indudablemente viene de la propia vida.
Para ella, escribir poesía es un placer, pero también un desgarramiento. La búsqueda de la palabra perfecta muchas veces la siente como un calvario. En cambio, trabajar ensayos le es siempre un disfrute. Aspira a que la intimidad que refleja en sus textos, la que poetiza en sus trabajos, coincida con la de los lectores.
En mi infancia, la veía chispear sin comprender la magia de su efervescencia. Más adelante, al leerla, entendí todo aquello que despertaba mi curiosidad; hoy en día, Soledad me lleva consigo por esos pasajes necesarios para vivir.
Revista, columnistas, Jarouska Cocco, Santo Domingo, Literatura dominicana, Poesía, Soledad Álvarez, Ensayo literario Soledad Álvarez concibe la poesía como un acto de fe en la palabra y la vida. Adentrarse en sus textos es experimentar la intensidad que todos, de alguna manera, llevamos dentro. Su voz nos permite sentir una forma de resistencia.Álvarez es poeta y ensayista. Estudió Filología en La Habana, Cuba, donde trabajó durante cinco años en el Centro de Investigaciones Literarias (CIL) de Casa de las Américas. En la década del sesenta formó parte del grupo literario La Antorcha. Ha sido galardonada con el Premio Nacional de Literatura 2022, en dos ocasiones obtuvo el Premio Nacional de Poesía, recibió el Siboney de Ensayo con el libro La magna patria de Pedro Henríquez Ureña y fue distinguida con el XXII Premio Casa de América de Poesía Americana por su obra Después de tanto arder.Desde niña, su carácter resuelto la llevó a fundar el periódico de su escuela y a ser la guardiana de los secretos de sus amigas, para quienes escribía cartas con soltura. Te puede interesar El universo femenino de Brenda Navarro Sin embargo, su vínculo más firme con la literatura nació tras la lectura de La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca. Y así, con tan solo diecisiete años, sin decirle a nadie, envió un relato breve al diario que leía cada semana; para su asombro, el texto salió publicado. Luego de la emoción y la sorpresa, supo inmediatamente que quería ser escritora. En sus propias palabras: «lo mío eran las letras, la palabra y sus silencios, su fragilidad de aire, su poder para interpretar y también cambiar el mundo, para expresar lo inexpresable en el misterio de la poesía». Se considera irremediablemente de la generación de los años sesenta y setenta, época en que la ciudad de Santo Domingo era en sí misma uno de los grandes personajes del momento. La vivían, la caminaban y la experimentaban. Soledad trata de reinventar esos años y se siente incapaz de transmitir el fervor de esa época. Empero, esa intensidad se quedó y la percibe como parte de su voz literaria, la que indudablemente viene de la propia vida. Para ella, escribir poesía es un placer, pero también un desgarramiento. La búsqueda de la palabra perfecta muchas veces la siente como un calvario. En cambio, trabajar ensayos le es siempre un disfrute. Aspira a que la intimidad que refleja en sus textos, la que poetiza en sus trabajos, coincida con la de los lectores.En mi infancia, la veía chispear sin comprender la magia de su efervescencia. Más adelante, al leerla, entendí todo aquello que despertaba mi curiosidad; hoy en día, Soledad me lleva consigo por esos pasajes necesarios para vivir. Leer más Darwin Aquino de vuelta a sus raíces Revista